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Abjazia desembarca en América Latina
Por Hernando Kleimans

 

“América Latina es el único continente independiente en el mundo. Aquí hay países que no miran a ver qué dicen en Washington o en Europa. En otros, incluso temen entrevistarse con nosotros. Le tienen miedo a la llamada telefónica de la embajada norteamericana”.
Quien así habla con “RUSIA HOY” es Maxim Gundjia, egresado de la misma facultad de leyes de la Universidad de Columbia, donde se recibieron dos presidentes: el norteamericano Barack Obama y el georgiano Mijaíl Saakashvili. El actual ministro de Relaciones Exteriores de Abjazia, antiquísimo estado caucasiano que se independizó de Georgia en 2008 con el total respaldo de Rusia, realiza una nueva gira por América Latina en busca de otros reconocimientos que se unan a los ya efectuados por Venezuela y Nicaragua.

RH.: Además de la aceptación como estado soberano, ¿qué puede necesitar Abjazia de los países latinoamericanos y qué puede ofrecerles?
MG: Lo más importante es el establecimiento de relaciones diplomáticas. Luego se abrirán las posibilidades para un intenso intercambio en cultura, en deportes o en comercio. Esto es, precisamente, lo que queremos desarrollar prioritariamente para fortalecer estas relaciones.

RH.: ¿Por qué gobiernos considerados como “populares” en América Latina todavía no han reconocido a Abjazia?
MG: Puede ser que quienes deben tomar la decisión no disponen hasta el momento de información objetiva sobre nuestro país. Se estableció un bloqueo informativo, una auténtica guerra informativa. Nos presentaron como algo fuera de la realidad. Por eso muchos países por ahora no nos reconocen. Es posible que se guíen por la opinión de la comunidad internacional, influenciada por los Estados Unidos y la Unión Europea, que por supuesto no respaldan esta decisión.

RH: ¿Por qué no la respaldan?
MG: Muy simple. Un presidente europeo señaló: “Kosovo tiene mucho menos derecho al reconocimiento que Abjazia, pero nosotros no la reconocemos porque ella es amiga de Rusia”. La relación de Occidente con Abjazia se conforma a través de la hostil relación de ese mismo Occidente con Rusia.

RH: ¿El concepto de “guerra fría” todavía está vigente?
MG: Sí. Y pasó, lamentablemente, a una fase más activa. Todos estos atentados terroristas que se producen en el Cáucaso, además de Rusia, son parte de ella. Abjazia, en el estado en que está, es un factor muy importante para la estabilidad en todo el Cáucaso. Quienes intentan minar esta estabilidad de Abjazia, en primer lugar Georgia, están minando la estabilidad de todo el Cáucaso.

RH: Mientras Rusia y el Cáucaso en general sufren esos ataques, Abjazia pareciera quedar al margen. ¿Por qué?
MG: No existen en Abjazia condiciones para el terrorismo. Tenemos otra cultura, otra tolerancia religiosa, somos un país multirracial y multirreligioso. No existe la posibilidad de que estas amenazas terroristas se alimenten en nuestro suelo. Por supuesto, tenemos nuestras tensiones internas pero el gobierno y la oposición son estables.

RH: ¿El Cáucaso sigue siendo un nudo de confrontación entre Occidente y Oriente?
MG: En realidad, en el Cáucaso se unen la cultura occidental y la oriental. Pero en todo caso, se trata de los propios intereses y de la propia cultura de los países que habitan la región. ¿Por qué los Estados Unidos tienen derecho a declarar abiertamente al Cáucaso como zona de sus intereses específicos? ¿Se imagina el escándalo que se armaría si otro país, por ejemplo Rusia, declarara lo mismo sobre Texas, con sus reservas de petróleo? ¿Por qué si un atentado terrorista cometido en EE.UU. es condenado como un acto malvado, cuando eso mismo ocurre en Rusia es calificado como una acción de los “luchadores por la libertad”? Esta es una ambigua y doble interpretación del mismo crimen.

RH: ¿Hasta qué punto esta doble interpretación les impide un desarrollo tranquilo?
MG: En torno nuestro se conforma una barrera de impedimentos políticos, económicos, financieros. Por desgracia tanto la oposición como el gobierno georgianos están acostumbrados, incluso desde tiempos soviéticos, a pensar en términos obsoletos. No comprenden que Abjazia es otro país. Ellos insisten en que es parte de Georgia. Bueno, pero imaginemos si aceptamos esta postura y mañana nos resignáramos y nos incorporáramos a Georgia. ¿Qué ocurriría? Luego de esto las tropas georgianas ocuparían Abjazia, mandarían a todos los abjazos a las montañas, nos meterían en un enclave como en Palestina, en Gaza, nos rodearían con un cerco y viviríamos así.

RH: ¿Esta incomprensión se extiende a la comunidad internacional? ¿Por ejemplo incide en la falta de negociaciones con el gobierno argentino?
MG: En la Argentina nos conocen bien. El año pasado mantuvimos negociaciones en la Cancillería. Pero la Argentina actúa con mucha prevención en esta cuestión. Creo que está esperando la reacción de otros países.

RH: En este contexto internacional, cuando se intenta aislar Abjazia, ¿Rusia aparece en el rol de “gran hermano” o simplemente como un buen amigo, como un respaldo?
MG: En Occidente con frecuencia califican a Abjazia como un agregado de Rusia. Es un buen argumento para no reconocernos. Nosotros somos un estado plenamente independiente en condiciones de bloqueo desde hace 17 años. Ahora, luego del reconocimiento de Rusia, tenemos firmados con ella unos treinta tratados. Esto nos convierte en socios estratégicos. Sí, tenemos una relación muy estrecha con Rusia en muchos aspectos, pero esto no nos hace una marioneta de Moscú. Puedo asegurarle que muchos países donde existen bases norteamericanas no tienen este tipo de vínculo con Washington. Sus relaciones con los Estados Unidos no se califican como estratégicas o aliadas.

RH: Abjazia es criticada por la presencia de bases rusas.
MG: Pero esto es sobre la base de convenios. Lo acordamos también en función de que en 2014  en Sochi, en la ribera rusa del Mar Negro, se realizarán los Juegos Olímpicos de invierno. Tanto Rusia como Abjazia están interesadas en que en la región se conserve la estabilidad y la tranquilidad y no se permita ningún acto terrorista. Las bases están por convenio. Si usted compara nuestro acuerdo con los que los Estados Unidos tienen con Japón en este mismo tema, verá que son cosas totalmente diferentes. Lo mismo ocurre en Kósovo o en Colombia, o en cualquier otro país donde los norteamericanos tienen sus bases. Rusia instaló sus bases en Abjazia con nuestro consentimiento no para hacer acto de presencia política o bélica en la región, sino para resolver concretamente cuestiones de seguridad.

RH: ¿Cuál es su relación con los países de la Comunidad de Estados Independientes?
MG: Estamos fuera del marco de la CEI pero tenemos buenas relaciones con todos sus miembros. Aunque resulta difícil predecir si los países de la CEI están listos para colaborar con nosotros, si están dispuestos a reconocernos. Ningún país de la CEI por ahora lo ha hecho. Hace poco leía en una editorial que lo único que cohesiona a los países de la CEI es su deseo de recibir algo de Rusia y al mismo tiempo mostrar cómo la odian. En este sentido, el presidente de Belarus Alexandr Lukashenko resultó en una situación muy difícil. La Unión Europea le amenazó abiertamente con sanciones si reconocía a Abjazia. Ya no se trata si Abjazia cumple o no con las normas del derecho internacional. Es mucho más sencillo: “Nosotros, en Europa, estamos en contra. Si lo hacen, los vamos a sancionar”.

Europa no es homogénea. Está la vieja Europa, con una actitud positiva y está la joven Europa, que transforma en actitudes negativas su odio hacia el pasado postsoviético que tuvo que atravesar. En lo único en que han coincidido es en su negativa a reconocer a Abjazia.

 

 

 
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