El Gobierno anunció su intención de realizar una profunda reforma al Código Penal. La misma está en manos de notables juristas, estudiosos del derecho nacional e internacional, y versará sobre la contemplación de nuevos delitos, la importancia de las penas alternativas a la prisión, la trascendencia de los derechos humanos y los delitos de lesa humanidad.
Lo positivo es que la gente podrá opinar de ese nuevo Código por medio de una consulta pública hasta el 15 de agosto, cuando la comisión de expertos gire el proyecto al Congreso. Hay varios artículos de relevancia. Uno es la despenalización de la tenencia de drogas para uso personal. El otro -aun más álgido- es el referido al aborto, donde cada mujer podrá hacer un planteo a los jueces para que la práctica no sea punible. No será una libertad total, sino aplicable sólo para determinados casos como una enfermedad, peligro por el chico por nacer o en caso de violación.
El espíritu del Código, sin duda, será revertir el denominado efecto Blumberg, con el endurecimiento de las penas, con la contracara del rol de la víctima en el proceso. La víctima podrá accionar penalmente aun cuando el fiscal desista de la acción. Hasta hoy, un derecho no contemplado. ¿Será el fin de los parches y las reformas espasmódicas y pendulares?
En el actual Código, el bien jurídico tutelado más importante son las personas. La reforma propone que sean los delitos contra la humanidad.
Con respecto a la tenencia de estupefacientes para consumo personal, será tal cual lo resolvieron todas las Cámaras Criminales; esto es se anula el llamado fallo Bazterrica, dictado por la Corte en los años 90, en el que se indicaba que un poseedor de una pequeña cantidad de drogas era consumidor y también delincuente. La tenencia para consumo será despenalizada y se impondrá un tratamiento para el adicto. Claro que habrá un límite en la cantidad de gramos.
Desde 1921 a la fecha, se hicieron 878 reformas que poco sirvieron. Al parecer, llegó la hora de barajar y dar de nuevo.