Líderes financieros mundiales advirtieron esta semana sobre el peligro que representa el costo del crudo, que subió un 50 por ciento el año pasado y se mantuvo firmemente por encima de los 50 dólares el barril durante el mes pasado. A diferencia de los 70, cuando la duplicación o triplicación de los costos del petróleo se transformó en una inflación de dos dígitos, que a los banqueros centrales les llevó dos décadas poder revertir, es difícil que los bancos centrales cometan los errores de los 70, cuando recortaron las tasas de interés para acomodarse a la crisis del petróleo, sólo para ver cómo las bajas tasas aceleraban los aumentos de precios.
Científicos, técnicos, ecologistas- son unánimes en un solo dato: el mundo consumirá cada vez más energía y serán menos las fuentes disponibles para obtenerla.
Según el último informe del Consejo Mundial de Energía (WEC), el consumo global de electricidad puede llegar a incrementarse aproximadamente un 75% para el año 2020 y prácticamente triplicarse para el 2050. En la Argentina, en tanto, se calcula que el consumo para el 2010 podría llegar a duplicar los valores actuales.
La energía que hoy se consume mundialmente proviene en mayor medida (cerca del 60%) de combustibles fósiles, principalmente el petróleo; luego le siguen la energía hidroeléctrica y la nuclear, aunque en menores proporciones. Muy lejos, con el 1%, se ubican las energías llamadas alternativas, aquellas que se extraen de recursos renovables de la naturaleza (el sol, el viento, el calor de la tierra, del agua) y que ostentan una característica que aplaude cada vez con más fuerza el nuevo siglo: son ecológicamente limpias.
En la Argentina, mientras tanto, el gas natural (47%) y el petróleo (40,5%), son los principales protagonistas de la matriz energética, seguidos por la energía proveniente de sistemas hidroeléctricos, con el 6%, y apenas la nuclear, con sólo el 2%. El 4,5% restante corresponde a 'otras energías', entre las que se encuentran las experiencias de fuentes de abastecimiento alternativo.
A diferencia de las que se abastecen de combustibles fósiles, las energías alternativas se producen de manera continua, no se agotan y tienen su origen en los procesos ambientales y atmosféricos naturales: el viento, el sol, los cursos de agua, la descomposición de la materia orgánica, el movimiento de las olas en la superficie del mar y océanos, o el calor interior de la Tierra.