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Día del estudiante solidario
Por Hernán Invernizzi


Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), todos los años mueren en el mundo más de un millón de personas por accidentes de tránsito. Se trata de tantas muertes que, así planteado, se vuelve un dato casi abstracto por su enormidad. Uno no puede imaginarse un millón de personas. Pero podemos recordar a 10 de ellas.

Benjamín Bravo de la Serna, Daniela D'Agostino, Federico Echer, Julieta Giataganellis, Delfina Goldaracena, Justine Hartman, Nicolás Kohen, Lucas Levin, Julieta Posilovic y la docente Mariana Boye murieron el 8 de octubre del 2006 cuando regresaban de un viaje solidario.

Habían llevado su colaboración a un colegio en el Chaco. El micro en el que viajaban fue atropellado por un camión. Manejaba un chofer alcoholizado que también falleció en el accidente. Entre los pasajeros del micro otros 36 estudiantes, docentes y directivos del colegio Ecos resultaron heridos. La desolación y la tragedia abrumaron a sus compañeros, a sus amigos y a sus familias.

Aquellos sombríos días iniciales se convirtieron en creatividad, organización y lucha consecuente por un objetivo concreto: que estas cosas no vuelvan a pasar. Dando un ejemplo de coherencia, unidad y militancia social, familiares y amigos de las víctimas de Santa Fe son quienes más hicieron para conseguir que la seguridad vial se convierta en una política de estado.

Entre algunas de sus iniciativas, recordemos que inundaron plazas, recitales, partidos de fútbol... para conseguir – hasta hace pocos días – más de 300.000 firmas que avalan su petitorio. (Se puede adherir por internet en www.tragediadesantafe.com.ar )

En agosto consiguieron que se firmara el Convenio Federal sobre Tránsito y Seguridad Vial, rubricado por el estado nacional y las provincias durante un acto la Casa Rosada en el que estuvieron presentes el Presidente de la Nación, gobernadores y los ministros del Interior y de Educación. A partir de ese compromiso inicial debería sancionarse una ley nacional ya elaborada, que cuenta con el apoyo de los dos ministerios mencionados, pero que se encuentra injustificadamente demorada en algún escritorio político.

Con el apoyo activo de CTERA, el Consejo Federal de Educación incorporó al calendario escolar el día 8 de octubre como el “Día Nacional del Estudiante Solidario”. Esta medida fue confirmada durante la VI a. Reunión del Consejo Federal de Educación, con la participación del Ministro de Educación y las máximas autoridades educativas de las 24 jurisdicciones nacionales.

Al cumplirse exactamente un año de la tragedia – el pasado 8 de octubre - los familiares y amigos de las víctimas organizaron un recital solidario en el ex Estadio Obras Sanitarias (hoy Pepsi). En el playón de entrada del estadio se amontonaron varias toneladas de alimentos con los cuales los 4.000 jóvenes asistentes “pagaron” por ver a los artistas y personalidades que se sumaron al proyecto.

El apoyo a la causa se combinó con una extraordinaria experiencia musical. Si bien es cierto que la emoción y la solidaridad fueron conmovedores, no es menos ciertos que los músicos no pasaron por allí para cumplir y nada más. Por el contrario, aportaron toda la calidad que cada uno es capaz de ofrecer.

El recital arrancó con dos bandas “de chicos”. La primera – cuyo baterista es un alumno del Ecos – provocó la admiración nada menos que de Ricardo Mollo (líder de “Divididos”) y del bajista Javier Malosetti: “de dónde salieron estos pibes!” comentaron en el back stage. Sonó después “Vento”, la que era la banda de Benjamín, uno de los chicos fallecidos, a la cual se sumó su hermano para tocar un tema. Y vinieron después los profesionales solidarios: León Gieco, Árbol, Los Auténticos Decadentes, Luis Alberto Spinetta, Divididos, Andrés Ciro Martínez (el líder de Los Piojos), el trío de Javier Malosetti y Los Tipitos.

Ernestina Pais, Andy Kusnetsoff y Silvina Chediek funcionaron como maestros de ceremonia. Las adhesiones llegaron de todas partes. Enormes pantallas exhibieron documentales y spots de concientización. Maestras y alumnos del interior del país también se sumaron a un escenario en donde, al final, los familiares de las víctimas homenajearon a ese grupo de pibes a los cuales la solidaridad se les volvió tragedia.

La sociedad argentina (por ejemplo a través de los organismos de derechos humanos) ya dio extraordinarios ejemplos de lucha y consecuencia en los cuales la tragedia personal se volvió compromiso ético y social. Los familiares y amigos de las víctimas de Santa Fe se han sumado a esa noble lista de casos moralmente ejemplares y políticamente eficaces que transformaron al dolor individual en una responsabilidad hacia los demás.

 

 
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