Introducción.
La Argentina vive un período complejo, propio al momento histórico de salida de la hegemonía del proceso del neo-liberalismo que tuvo su apogeo en las postrimerías del siglo XX.
Los inicios de la actual década fueron la culminación de la crisis socio-económica del 2001-2002 y la recuperación en una fase de crecimiento del ciclo, que se considera tendrá una duración de mediano y largo plazo.
La coyuntura ha mostrado desde el 2002 en adelante que la cotidianeidad está signada por una práctica de políticas que si bien tienen una orientación de búsqueda de un nuevo paradigma, todavía, las mismas, son deficientes para ser validadas como los contenidos de un proyecto nacional.
El diseño de estrategias y el debate de ideas no fue relevante en los últimos años, ya que se privilegió legitimar el papel del Estado, como factor de articulación y regulación de las fuerzas sociales.
Al mismo tiempo que se logró reorientar las herramientas técnicas de la política económica para una modificación paulatina de las secuelas que dejó la crisis, se comenzó a perfilar un posicionamiento diverso frente a las fuerzas naturales del mercado.
Un Estado más presente en la toma de decisiones y una intervención en la disputa entre las distintas fracciones de poder empiezan a caracterizar la fase ascendente del ciclo económico.
En momentos en que se produce una posibilidad de cambio cualitativo en el plano institucional, como fue el proceso electoral del año 2007, las expectativas de una continuidad lógica del crecimiento económico es puesta en cuestionamiento.
Una serie de sucesos inadecuados en la gestión de la economía y en el discurso político, culminan en el cuestionamiento de sectores sociales sobre la medida de incrementar las retenciones a la exportación de algunas oleaginosas y cereales.
Esto provoca la eclosión coyuntural de diversas pautas del modelo, que hacen aparecer secuelas históricas del ser social de la Argentina.
1) Premisas estructurales de la historia del ciclo económico.
Las etapas de crecimiento tienen una periodización de aproximadamente 10 años en el caso de la forma de acumulación tradicional en Argentina.
En esa onda permanente, se encuentran momentos específicos en donde la coincidencia en las fases de crecimiento entre ciclo político y económico en la mayoría de los casos coinciden.
Las depresiones y crisis, forman parte de las situaciones de desfasaje entre las dos dimensiones de la sociedad, en algunos momentos extremos con secuelas que han dejado huellas en la identidad nacional.
A partir de las mismas podemos decir que los rasgos de carácter axiomático son:
- Los momentos de interrupción del comercio multilateral internacional, como las dos guerras mundiales, facilitaron el desarrollo de la industrialización.
- La producción primaria es una constante de la inserción de Argentina en el mercado mundial.
- El sistema productivo tiene una modificación de la absorción de fuerza de trabajo de carácter intensivo, a bajo salario.
- Los cambios en la formación del salario son producto de modificaciones en la productividad.
- El estrangulamiento del crecimiento y las fases descendentes del ciclo siempre son resultado de la carencia de inversión en equipo de capital.
- El carácter de onda suave en periodos prolongados de 10 años, que marcaban formas de desarrollo de la interrelación entre industrias y sectores, como ejemplo, la expansión de las máquinas-herramientas, la siderurgia y la industria automotriz, de finales de los 50 y hasta la actualidad, o la mejora en el procesamiento de la carne, el frigorífico y el cambio en la producción de cereales, a finales del siglo XIX y hasta la década del 30, y la posterior modificación de la frontera agropecuaria en los 90, van marcando estos saltos de productividad sectoriales.
- La segmentación de la estructura productiva, genero una baja densidad en la matriz de “insumo producto”, que identifica las relaciones inter-industriales, de allí, que durante la forma de acumulación no es representada en un sistema integrado, sino que aparece con una fragmentación al interior de cada sector, rama e industria.
En función de estos rasgos, debemos destacar, que los períodos del ciclo de onda larga, se han modificado sustancialmente en la globalización.
Durante la misma se produjo un cambio en la forma de sostener una protección efectiva del crecimiento de la inversión productiva, mediante una focalización de la toma de ganancias en el sistema financiero y de servicios.
La renta en disputa entre las fracciones individuales de capital, fue prioritariamente la de origen financiero, dejando el proceso productivo pendiente de la modificación de la competencia en el mercado. La imperfección y las fallas del mercado caracterizaron el proceso de privatizaciones y facilitaron un salvaje esquema de concentración y centralización de la actividad productiva. El deterioro constante de la pequeña y mediana producción, se acompaño por la reducción del número de establecimientos y la pérdida de oportunidades de absorción de trabajo vivo en el proceso de producción inmediato.
Al mismo tiempo los abruptos cambios de propiedad y la modificación de productividad por la incorporación de nueva tecnología se realizó con restricción monetaria, esto acentúo los rasgos financieros en detrimento de la conformación de una integración productiva, local e internacional.
Esto es un determinante del fracaso institucional de la conformación de un mercado ampliado integrado con Brasil y en el MERCOSUR.
La relación comercial e intra-firma quedó como el eje de sustentación de las formas productivas y cooperativas entre capitales privados, reduciendo el Estado su papel de orientación del proceso de inversión y de inductor de políticas de largo plazo.
La globalización produjo también un impacto creciente en el mercado interno y en la adscripción de la norma de consumo. La preferencia del consumidor se abrió en un abanico amplio, propio a una redistribución del ingreso de carácter regresivo, a pesar del crecimiento del poder adquisitivo.
La globalización también acorto los periodos del ciclo, esto provoca un comportamiento de ondas ciclotímicas, tipo serrucho, en donde el tiempo de crecimiento toma formas específicas por los determinantes del mercado interno, en reflejo inmediato con la situación internacional.
La atadura surge de la violencia de la moneda, que se expresa en la relación biunívoca entre tasa de interés de la moneda clave y tipo de cambio, y que tiene como pauta de comportamiento el cumplimiento o no de las condicionalidades de la inversión y del desenvolvimiento de la deuda externa.
La política monetaria queda reducida en sus posibilidades de instrumentación por la forma de pago de la deuda, en el auge, y por la forma de no pago en la crisis.
Al igual la deflación acompaña el retraso del tipo de cambio y la inflación la expansión de liquidez.
Esto lleva a que lo puramente financiero condicione la expansión productiva. El empresario tiene entonces que recurrir a formas de financiamiento usurario, o a presiones sobre la formación del salario, para la obtención de un beneficio protegido.
La volatilidad y la falta de adscripción a la identidad productiva, son entonces formas de comportamiento propias del gran capital local, que se trasladan paulatinamente al conjunto del sistema económico, con repercusiones sociales de gran impacto en las crisis.
2) El movimiento del ciclo en el corto plazo.
Después de la medida de modificación del derecho de exportación, que bajo la forma de retenciones sobre los precios que se obtienen en oleaginosas y cereales se efectúo en 11 de marzo último, algunos comportamientos que no estaban totalmente expuestos sobre el escenario del conflicto social, aparecen y se expresan con mayor claridad.
En primer lugar la medida amplía la forma de fijar la retención, cambió el monto de la misma y la adscribe a una vinculación con los movimientos de precios internacionales en forma automática y continua.
Los efectos son de dos caracteres: el primero propio de la reacción del productor capitalista frente a la renta diferencial, el segundo de la volatilidad de la liquidez del mercado financiero internacional y el precio de las materias primas.
El primer comportamiento, es que al afectar la expectativa de beneficio extraordinario del productor individual, la tensión entre una aceptación de la imposición y la insubordinación fiscal se acrecienta.
Cuál es el significado de esta tensión social? El productor de la cadena agropecuaria, como el de cualquier cadena basada en la ganancia en la producción y no en las formas puramente financieras, considera que la retención es una exacción imponible, pero la acepta si puede desarrollar un plan de inversión individual con una ganancia a término cierta, y mantener la posibilidad de participar en un superbeneficio, aunque el mismo resulte compartido.
Donde se destruye totalmente esta expectativa, se retrotrae a las formas primarias de reacción del que considera que se pasó la barrera de lo aceptable desde la perspectiva capitalista racional. El rasgo del riesgo schumpeteriano, sobre la especulación productiva y el cambio de su equipo de capital desaparece, ante la movilidad sistémica de la retención.
En segundo lugar sobre esta misma tensión, la falta de previsión sobre el riesgo posible, teniendo en consideración la restricción monetaria, le generan ante la especulación un deseo de permanecer en una actitud de obtención de renta absoluta sobre la tierra, sin participar más que de manera colateral, de la renta diferencial y sacrificando el beneficio. Alquila o arrienda su campo y deja lentamente la producción efectiva, lo que a mediano y largo plazo si se mantienen las condiciones del mercado internacional, puede ser su opción permanente.
Esto lleva a desconocer que el mercado globalizado se sostiene con una redefinición permanente de la propiedad de las fracciones individuales, mediante mergers y absorciones, concentración y centralización de capitales, en donde la pequeña producción es ineficiente para permanecer en competitividad y es destruida en la crisis.
La medida al no diferenciar el pequeño y mediano productor del pool o del fideicomiso, o del gran propietario, está provocando e induciendo el proceso de concentración feroz. Situación que tiene consecuencias más profundas en la forma de expresión del ciclo político, que en lo inmediato de la reproducción del capital en Argentina.
El segundo efecto es el que surge de la volatilidad de la liquidez de capitales en el sistema financiero internacional. La crisis en el mercado hipotecario en los EE.UU., tiene su primer impacto en el sistema bancario no regulado. Esto se desarrolla desde el 2005 en adelante, y se traslada al sistema financiero en su conjunto. Obligando a una reforma de las instituciones financieras internacionales, a su papel regulador, y a un acuerdo entre Estados nacionales, aún no alcanzado.
Mientras la dificultad en el sistema de pagos, se traslada a los precios relativos presionando a la inflación en los mercados nacionales. La debilidad de la moneda clave internacional, el dólar de EE.UU., y el fortalecimiento del Euro, produjo en el comienzo de la recesión, un traslado hacia dicha moneda, limitado por las condiciones de control más rígido de la banca de la Unión Europea, al mismo tiempo de posibilidades de beneficio extraordinario más restringidos.
La disminución del papel de garante en última instancia de parte de las Instituciones Financieras Multilaterales de Crédito, es decir F.M.I. y Banco Mundial, y la carencia de un respaldo monetario cierto para el riesgo financiero, como surgió al comienzo de la recesión en los Bonos del Tesoro de los EE.UU. a largo plazo, llevan a la liquidez internacional a buscar refugios de corto plazo.
El primer refugio ha sido el oro y la especulación sobre el precio de la energía, para luego incorporar el mercado de futuro de otros minerales, cobre, níquel, y luego los productos alimenticios.
Esto se sumo a una demanda creciente de estos productos de parte de los países en crecimiento sostenido, como China, la India, Corea del Sur y últimamente Japón.
Frente a esta modificación de las pautas de especulación de corto plazo y de demanda por cambios en la norma de consumo, de países con las mayores poblaciones del planeta, los precios de futuro de las producciones agroalimentarias se incrementan, produciendo pautas inflacionarias en el conjunto de los países que exportan esos bienes, al igual que carencias muy profundas en aquellos que los importan y no tienen moneda fuerte para sostener su demanda.
El otro elemento a considerar a futuro, es el hecho de que el encarecimiento de la energía convencional, facilita el desarrollo de la producción del bio-combustible, que indefectiblemente obliga a un cambio en el volumen del comercio de los bienes agrícolas que generan la materia prima para esta actividad.
Al mismo tiempo, una recesión inducida por el absurdo de las medidas equivocas en Argentina, puede generar que uno de los exportadores más importantes del mundo de soja, trigo, girasol, maíz, y derivados, deje de participar este año del mercado mundial, produciendo aún un mayor impulso al crecimiento de los precios internacionales.
Dicha incertidumbre en los precios internacionales, junto con un condicionamiento local a la actividad productiva y a un encarecimiento del crédito local, puede motivar la tendencia a la búsqueda de localizaciones de la inversión volátil financiera hacia colocaciones en adquisiciones de tierra en Argentina, pensando en beneficios en activos en regiones emergentes.
Esta situación de los precios a futuro, lleva inquietud en los precios internos en Argentina, y aumenta la presión inflacionaria, lo que lleva a creer que una medida como la retención móvil, puede contraponer una distancia de protección a la volatilidad de precios internacionales, negando el carácter global del proceso.
Ante estos efectos de la medida de la retención móvil, aparecen otras secuelas del último período, que surgen del comportamiento político en el ciclo.
La medida produce una forma de lock out empresarial, que afecta la forma de reproducción, y va a generar un indefectible desacople en la cadena de pagos, primero, en la comercialización luego, en la cadena agroproductiva, y a posteriori en la industrial.
La incertidumbre reduce las expectativas de beneficio del conjunto, disminuyendo aún más la alicaída tasa de inversión en equipo de capital. Esto genera recesión a mediano plazo, porque los últimos cuatro años, la producción creció usando la capacidad ociosa que provenía de la crisis 2001-2002.
La recesión posible, si no cambia la orientación fiscalista de la medida, puede facilitar la reducción de las expectativas de cambio de los precios relativos, de una sobre actuación inflacionaria, pero no modifican el riesgo de pasar de la inflación reptante a la galopante, por el solo efecto de arrastre de sensibilidad frente al riesgo inducido.
Esto puede llevar a erosionar las reservas para que la política monetaria no quede atrapada en una especulación financiera sobre el tipo de cambio. Al mismo tiempo que provocar una trampa de liquidez por rigidez de respuesta a cambios en la tasa de interés.
La formas ortodoxas de afrontar el ajuste de parte generará una mayor incertidumbre en el sistema de precios, y muy probablemente en las demandas salariales insatisfechas. A mediano plazo esto puede reducir el crecimiento, motivando a la desocupación de los sectores ineficientes para la competencia internacional.
Al proceso inflacionario incipiente, se le agrega entonces la restricción financiera internacional, que es producto del resabio de la negociación de la deuda externa, no resuelta. Esto genera que el garante de última instancia en situación de carencia inmediata de divisas para afrontar los pagos de la deuda reestructurada no es el mercado financiero internacional.
Las tasas de interés y los plazos de financiamiento, son entonces más restrictivos, y con condicionalidades políticas en la apropiación del excedente local muy fuertes. En otra instancia es dable considerar que la protección efectiva del tipo de cambio, para la producción específica de carácter industrial, va perdiendo validez en tanto el corrimiento de los precios relativos impacta sobre los insumos, y elimina el colchón que creó la crisis del 2001-2002, transformando nuevamente el reclamo sectorial, en un imperativo de continuar con la heterodoxia de la respuesta monetaria e impositiva.
Conclusión.
Podemos decir que esta vez la inducción de la crisis va de lo local a lo global. Tradicionalmente la automaticidad de la transmisión de la crisis, fue de afuera hacia adentro. En esta oportunidad las fallas del mercado, parecen producto de la irracionalidad de producir una política económica en donde el uso de las herramientas produjo un efecto de boomerang, ante la reversión de la medida, por inconsulta y desconocedora de la motivación del productor capitalista para participar de un sobre beneficio, como expectativa frente a la incertidumbre.
Revertir esta situación en el corto plazo, exige creatividad y conocimiento, tanto de los actores nacionales involucrados como de los internacionales. Sin un análisis sistémico de la identidad productiva nacional, las medidas económicas basadas en un reduccionismo vulgar pueden producir una crisis que dilapide el crecimiento obtenido, y frustre la posibilidad de continuar un período de auge económico.
Obvio es señalar que de continuar convalidando las fallas del mercado a través de la inducción de la recesión, es lo opuesto a la necesidad social de satisfacer una demanda insatisfecha de mejora del ingreso y de solución de la desocupación y la exclusión cronificada en los sectores más carenciados y desprotegidos de nuestro país.
Una redistribución progresiva del ingreso debe ser contemplada dentro de un proyecto socio-económico que incluya la diversidad de sectores y segmentos sociales, al igual que manifestando una intersubjetividad en la política acorde con el nivel cultural de nuestro pueblo.