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Madurez y autonomía en las nuevas relaciones económicas internacionales
Por Mario E. Burkún

 

En los últimos dos años se van diseñando puntos de ruptura y de inflexión en la situación internacional, que es dable reconocer y poder analizar.
Desde la perspectiva del MERCOSUR, encontramos algunas mutaciones en el sistema financiero, que vienen siendo percibidas desde el 2005 en adelante, que impactan en lo inmediato o van a tener repercusiones en las posibilidades de mediano y largo plazo en América Latina.

1- Se modifica paulatinamente el papel de los organismos financieros internacionales, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo.

El Fondo Monetario Internacional, dejo de ser un garante de última instancia.   
Esto llevo a que el endeudamiento de los países en situación de vulnerabilidad financiera, pasa a ser responsabilidad de cada deudor, y que los bancos prestamistas o los acreedores individuales, pierden un “seguro” de caución sobre el movimiento de la liquidez financiera internacional.

El Fondo a su vez  saneo su cartera de créditos, y posibilito con la administración de Rodrigo de  Rato, de poca creatividad y carente de proyección de mediano y largo plazo, el paso a un nuevo papel, a definir en los hechos en la regulación financiera.

Es muy probable que Dominique Strauss-Khan consiga modificar las pautas conservadoras de la burocracia institucional, y lentamente va llevando al F.M.I. a profundizar una función de control técnico de corto plazo sobre la evolución de los tipos de cambio y formalizando una política de resguardo de la canasta de monedas “clave”, que van a regir el valor de la masa monetaria en circulación mundial.

Esto tiene por objeto la regulación en el largo plazo de los valores monetarios en relación a las tasas de interés de referencia de dichas monedas clave, por el momento el u$s y el euro.

El control de las modificaciones de los tipos de cambio nacionales en relación a la canasta de monedas de referencia, tiene como consecuencia, la búsqueda de impulsar el crecimiento de las relaciones comerciales, sin un desborde inflacionario, que perjudique las posibilidades de consumo y genere ciclos de crisis recurrentes.

Al mismo tiempo esta estrategia, obliga a una tarea en común con el Banco Mundial, el BID y la Organización Mundial de Comercio.

Obviamente lleva también a pensar una forma de asociación en las regulación del mercado, con los Bancos Privados más importantes, así como con los Bancos Centrales nacionales, en especial de los países del G8 y los nuevos grandes como China, la India, Corea del Sur, México y Brasil.

El Banco Mundial, también cambio su estilo de conducción, pasando a adoptar un papel de orientación de la inversión en actividades productivas con el sector privado y de focalización de formas de programación social de dicha inversión. Sin embargo este papel, que es el que protagonizo en los últimos años, no parece ser el que la actual administración piensa fortalecer. Más bien se puede inferir que el futuro del Banco será el de orientar inversiones que desarrollen la participación en actividades que aumenten el comercio mundial. La modificación de los volúmenes de intercambio, para el crecimiento de la economía serán las prioridades de la inversión para el Banco Mundial, acompañando la necesidad de generar excedentes genuinos de los países con endeudamiento internacional.

La política del Banco, impactara sobre las estrategias de la Organización Mundial de Comercio, cuyas actividades parecen no poder superar el estancamiento posterior a la Ronda de Doha.

Este nuevo papel, se destaca por la modalidad de orientar las inversiones en infraestructura, de lento retorno del capital invertido, a ser coparticipadas con el capital privado.

Los países en desarrollo, tienen que entonces acompañar esta disponibilidad limitada de recursos para inversión, con recursos propios, o con la movilización de capitales privados, que quieran asociarse.

Esta estrategia parece ser similar a la que esta encarando el B.I.D., que por el momento sigue en una transición, en donde la capacitación técnica y el apoyo a la formulación y evaluación de proyectos de inversión, tiene una prioridad, que acompaña el financiamiento de programas sociales, sin que esto impacte en proyectos de infraestructura de gran dimensión del capital invertido.

En consecuencia con este corrimiento de las Instituciones Financieras Internacionales, a generar un monitoreo y control, sin involucrarse en un endeudamiento significativo, ni en ser garantes de procesos privados de inversión, los países tienen que poder sostener su crecimiento de manera autónoma.

 

2- Política monetaria y sostén de la inversión en los países emergentes.
Esto conlleva a la explicación de la necesidad de cada país, de acumular reservas en moneda clave, de forma de tener un respaldo propio, a los procesos autónomos de inversión.

En algunos casos la ansiedad por la expansión de la participación en el comercio mundial, con el objeto de incrementar los excedentes comerciales, obliga a restricciones en las distribución local del ingreso, a cambios en los mercados de consumo nacionales, y a técnicas de producción intensivas, con bajos salarios y condiciones de trabajo dignas de las formas de explotación de los inicios del capitalismo.

La acumulación de reservas en algunos países, lleva a la formalización de fondos de inversión públicos de gran significación. En ciertos casos, impulsados por la modificación de los precios relativos de los productos energéticos o de balanzas comerciales con importantes superávit.

Es el caso de los Emiratos Árabes Unidos, de China, Rusia, Arabia Saudita, la India, Corea del Sur. También están aquellos que tienen reservas para sostener su moneda y fortalecer un proceso interno de desarrollo con inversión extranjera y local, como España, Brasil y México.

Argentina, tiene frente a esta situación, que madurar el proceso de inversiones, que exige una inyección de unos 10.000mill. u$s, anuales, para poder seguir su ritmo de crecimiento, manteniendo su equipo de capital y evitando la obsolescencia de la capacidad productiva instalada.
Para un crecimiento sostenido en el proceso de industrialización, se requiere aumentar dicha inversión, de manera a adoptar cada vez más, técnicas de alta complejidad, y producir importantes cambios de productividad.
La segmentación del comercio internacional, le otorga una posibilidad importante de inserción en el ámbito de la agroindustria. Siempre que las condiciones de absorción de los mercados asiáticos se mantenga estable. Al mismo tiempo la relación con Brasil, y con los otros países de América Latina, presenta el carácter de permitir un comercio internacional fluido y de mercado interno ampliado.
Como interrogantes esta el de que la madurez de la participación en el comercio mundial, exige seguir presentando características de atracción de la inversión internacional, al igual que de seducción del empresariado local para que tome como centro de acumulación el mercado nacional.
Ante estos desafíos, la mayor autonomía, tiene que poder asumirse con creatividad y formas agresivas de participación en la movilidad de capitales y en el comercio, de manera de poder entonces producir un paulatino progreso en la distribución del ingreso, que impacte sobre el poder adquisitivo del asalariado y mejore las condiciones del crecimiento sostenible a largo plazo.

3- Crisis y Sistema Financiero Internacional.
Mientras las pautas de Proteccionismo vs. Librecambio se vienen discutiendo en el comercio internacional, los hechos fácticos demuestran el papel creciente de las formas de protección, para los mercados nacionales ampliados e integrados.

Junto con el proteccionismo, las formas de comercio basadas en prácticas desleales se han propagado en la globalización. Esto también es resultado de un comercio internacional con una presencia importante de competidores a bajo costo de producción y creciente productividad. Esto tiene como efecto la incorporación de los países emergentes más importantes (BRIC) a la toma de definiciones en los foros internacionales y en la resolución de los conflictos que van a surgir en la crisis actual.

El último período de la globalización se caracterizó por una búsqueda de crecimiento de los mercados de consumo y de intercambio, para servir de motor del desarrollo del producto, acompañado este proceso por la falta de contención para la especulación financiera sin base de sustento en recursos genuinos.

Al igual que la expansión del crédito, así como la dilación de los compromisos permitieron sostener el crecimiento del consumo en EE.UU. y la Unión Europea.

La posibilidad de crisis se evidenció cuando la exposición de los bancos con mayor riesgo crediticio, mostró la debilidad de las coberturas propias, y de las securitizaciones bancarias. El riesgo de crisis, obligó a buscar el garante de última instancia, que ya no tenía el papel histórico posterior a la segunda guerra mundial.

La participación protagónica de los Estados Nacionales se manifestó entonces como la única que puede articular la fragmentación de los bancos y de los mayores inversores individuales.

Pero para dilatar la crisis, se postergó la recesión, impulsando a la baja las tasas de interés de referencia, y cubriendo los efectos de la burbuja especulativa con inyecciones de circulante monetario.

Las carteras más expuestas, como las de las formadas por carteras basadas en hipotecas de alto riesgo, así como las focalizadas en inversiones en mercados de gran incertidumbre, empujaron a la actual crisis.

El tema es la evolución, que pueda asumir la inestabilidad creciente en los mercados financieros, que se contagian en la debacle, y aumentan la incertidumbre en el corto plazo.

La globalización hace pasar la especulación de lo financiero puro, primero a las commodities con mayor demanda, como el petróleo, el oro, y los cereales, para luego frente a la quiebra de las instituciones bancarias, volver a tomar refugio en la canasta de monedas clave, o en los títulos de EE.UU. de mediano y largo plazo.

Lo que no se tiene medida es la magnitud de la destrucción del capital bancario, y hasta donde va a impactar en la inversión productiva. La recesión con tendencias inflacionarias puede llevar a la implosión de las formas financieras que se expandieron hasta el momento.

El mercado de consumo de los EE.UU. requiere cada vez más de una presencia significativa del Estado, para orientar el rescate y facilitar la concentración, mediante mergers y absorciones que resuelvan la bancarrota financiera.
La misma situación se reitera con matices en la Unión Europea, de forma de que las tasas de interés y los tipos de cambio vuelven a marcar la decisión de inversión y la posibilidad de expansión de la crisis.

El problema es cuando la relación entre tasas de interés y tipo de cambio, deja de responder a los vaivenes del mercado y exige un rígido control estatal.

Esto significa que la baja de las tasas de interés de referencia en los EE.UU., y su correlato en la Unión Europea, deja de poder inducir la dilación del crédito y el incremento del consumo, al aproximarse a cero. Al mismo tiempo que las posibilidades de seguir induciendo la devaluación de la moneda clave de los EE.UU. provoca una modificación de los precios relativos, cada vez más cercana a un proceso de inflación sin crecimiento acorde del producto.

La volatilidad creciente del capital líquido, se descontrola y obliga a una regulación Estatal, que se esta produciendo a través de la inyección sin limite de recursos monetarios vía la Reserva Federal.

El comportamiento bizarro de la Administración Financiera de los EE.UU., demuestra la gravedad política de la crisis financiera, en tanto puede llevar a un crack similar al del 29. Esto busca ser impedido cambiando el papel de la Reserva Federal, de una regulación tradicional hacia una intervención directa en el rescate de activos y en la participación para consolidar la fusión y absorción por capitales privados, de las instituciones en bancarrota.

Las últimas circunstancias producidas en la gran banca de inversión de los EE.UU, y en compañías aseguradoras en el Reino Unido, anuncian una cascada de insolvencia generalizada, que si no puede ser detenida, va a arrastrar las acciones y valores, produciendo una debacle económica de rasgos extremos.

Esta crisis, conlleva la necesidad de una reformulación del sistema financiero internacional, en sus formas institucionales y en su carácter de determinación en última instancia del ciclo económico y de la forma de acumulación.

La montura del capital financiero como núcleo de la reproducción, que se produjo desde la crisis de productividad  de 1967, y las modificaciones financieras en la década del 70, han llevado a un largo proceso en donde lo financiero domino lo productivo y comercial.

En la etapa actual de la globalización la volatilidad extrema del capital líquido y la especulación  de riesgo, lograron que la incertidumbre en el ciclo fuera de forma sistémica y permanente.

La ruptura actual es sin precedentes, y anuncia la necesidad de volver a un momento de destrucción profunda de los activos sin respaldo, para luego reconvertir los procesos de industrialización, con la incorporación de nueva inversión productiva.

Los activos reconvertidos, tienen que permitir la aplicación del stock de tecnología  que se encuentra disponible, si se cambian las condiciones de producción en los países centrales y emergentes.

La segmentación de los procesos productivos, y la introducción de tecnologías limpias con cadenas de complementación entre trabajo vivo y robotización flexible, van a ser el futuro de las formas productivas, necesarias para salir de la crisis.

Las pautas de un consumo ampliado, tienen necesariamente que incorporar cada vez más los sectores cadenciados de la población mundial, de allí la importancia de la modificación internacional de la distribución del ingreso, para la producción de masa.

Sin embargo, esto exige en lo inmediato una presencia de una inyección de inversiones en el sistema financiero, para detener y disminuir las quiebras de los gigantes bancarios, al mismo tiempo que impedir una recesión de consumo en el centro del sistema.

La fragmentación de la decisión de inversión, pasa a segundo plano, y el papel del Estado, como garante del sistema se prioriza. Seguramente el ciclo político va a acompañar esta necesidad de intervención que la crisis reclama, lo que preanuncia una modificación de la dirigencia actual en los EE.UU., al igual que una fuerte intervención estatal en las economías de Japón y de la Unión Europea.

4- El impacto que tiene esta evolución de corto plazo en las economías de América del Sur. Descripción y Propuestas.

En un comienzo se evidencia la retracción de la liquidez potencialmente orientada a situaciones de riesgo. El retorno a situaciones seguras de inversión productiva de mediano y largo plazo sustituye a los comportamientos proclives a la incertidumbre de la inestabilidad de especulación con alto riesgo.

La volatilidad de los activos líquidos produce un movimiento de masas monetarias sin cobertura real, que puede transformar las quiebras bancarias en el centro del sistema, en una avalancha, con impacto inmediato, en la periferia del sistema.

La globalización lleva a que la interdependencia de las formas de acumulación limite el crecimiento productivo de los últimos diez años y se efectivice una crisis con gran destrucción del capital instalado, y un retorno a la desocupación de masas de trabajadores industriales.

Para disminuir la evolución de la recesión, se hace imprescindible, también en América del Sur, entonces una decisión de intervención económica del conjunto Estatal y privado, que facilite los rescates bancarios y dilate la concreción de las quiebras del sector productivo.

En el caso de Brasil es probable que la consolidación de su estructura productiva le permita sostener las políticas de mediano y largo plazo. Sin embargo la recesión en el centro del sistema, seguramente va a desencadenar un proceso de disminución del ritmo de crecimiento y de las proyecciones esperadas para los próximos tres años.

Es inevitable que las políticas monetarias de los países del MERCOSUR, tiendan a unificarse, ya que sino, las consecuencias de la volatilidad pueden ser más graves. El tiempo de las negociaciones para los cambios institucionales se ha disminuido de tal manera, que solo con rápidas decisiones de política puede saldarse la contención de la crisis.

Las propuestas geopolíticas, tienen que estar basadas, en la complementariedad de una política de tipos de cambio concertada, de forma de pasar de la eliminación en los intercambios comerciales de la moneda clave internacional, a una banda de tipos de cambio, hasta llegar a unificar la decisiones de contención de la masa de circulante, como de la forma de dilación crediticia.

Un banco central común, de carácter múltiple, que pueda determinar una tasa de interés sombra, para los distintos mercados, de manera a que la intervención estatal sea compartida, puede ser una forma institucional de transición en el corto y mediano plazo.

Esto puede permitir ir concertando también una política fiscal común, de carácter compensatorio, para mejorar la distribución del ingreso y ampliar el mercado de inversión, y las posibilidades de consumo regional.

La incorporación de Chile a algunas determinaciones de política monetaria y fiscal, es necesaria para completar una red política, que sin ilusionarse con un desacople del sistema de globalización, permita cierta autonomía en la toma de decisiones de política económica regional.

En cuanto al vínculo con las otras potencias emergentes, la intervención de Rusia, China y la India, protegiendo sus monedas, será evidente, lo cual no desvincula los sistemas bancarios y productivos del movimiento de la destrucción de activos en el sistema global.

Es muy probable que los otros países de América del Sur, queden reducidos en su crecimiento si el comercio mundial se deteriora, en lo relativo a la absorción de materias primas. Es evidente que una modificación a la baja del precio del petróleo, y una disminución del consumo, pueden afectar rápidamente a Venezuela, Méjico y Ecuador.
Al igual que el cambio en el precio del cobre y del níquel, arrastra a una recesión a Chile y Cuba.

En tanto que la producción agropecuaria, conlleva a una crisis en Argentina, Uruguay y Paraguay.

La fragmentación de las formas productivas en nuestros países, es negativa para poder sobrellevar situaciones de debacle económica, de allí que no basta con la acumulación de reservas, para paliar una corrida de los tipos de cambio. Esta respuesta coyuntural, solo es validad para economías emergentes poderosas, como la de los BRIC.

En cambio el resto de los países, especialmente los de América del Sur, necesitan de una integración que sea más amplia, para tener un mercado comercial, productivo y financiero, que sea significativo en sus economías locales.

Esto no elimina el tema crucial, en nuestro países que es la dimensión de la inversión productiva, Allí es necesario crear el banco del Sur, dedicado a la inducción desde la decisión Estatal. La formulación de proyectos de infraestructura, así como de aquellas inversiones de lento retorno, necesariamente tiene que ser cubiertas en partes sustantivas por la inversión estatal.

Al mismo tiempo el capital privado debe que sumarse a esta proyección de la inversión de mediano y largo plazo, planificada y monitoreada, para darle un contexto de validez en la implementación de la forma de acumulación para los próximos veinte años.

Nuestra región puede aprovechar esta situación de crisis internacional, para generar una autonomía en la aplicación de pautas de control de la volatilidad de los capitales líquidos, para diseñar un plan de inversiones en infraestructura y al mismo tiempo para dar contención a los capitales privados proveyendo una seguridad en las condiciones de un mercado regulado.

La creatividad en la toma de decisiones, exige disminuir la distancia entre el ciclo político y el ciclo económico, ya que la crisis va a ser para el conjunto. Una clase dirigente que no este a la altura de las circunstancias, puede equivocar el contexto de intervención y menospreciar las consecuencias de la crisis en nuestra sociedad.

Llevar adelante políticas comunes entre nuestros estados-nación es imprescindible, para garantizar la autonomía política y la independencia económica del conjunto de América del Sur.


 

 
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