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Había una vez unos Ojos con Secretos
Por Hernán Invernizzi

 

El secreto de sus ojos fue un éxito fenomenal y hasta se ganó un Oscar. En general las críticas periodísticas fueron desde el panegírico hasta el “muy buena”. Y quizás se lo merece.

Ahora bien: sorprende que la crítica le diera tan poca importancia al factor político de este policial. Sobre todo teniendo en cuenta que casi todos los críticos señalaron que se trata de una “película de género” (y es propio del policial clásico la presencia de elementos políticos y/o testimoniales, con mayor o menor significación argumental según los casos).

En La Nación, la única mención al aspecto político se limita a la siguiente oración: “Todos, de una u otra forma, se verán involucrados en el tenso clima político en el que ocurre el episodio” (refiriéndose al asesinato de la maestra). Y ni una palabra más.

En Clarín: “alumbró (Campanella) un filme que combina a la perfección film noir, drama romántico, thriller, su acostumbrado humor y hasta el costado histórico, político y social”.

Página 12: “Pero si hay en la película un salto cualitativo, éste procede de un giro imprevisto, que allá por la mitad del relato proyecta al orden de lo histórico-siniestro lo que hasta ese momento no pasaba de mero asuntito de crónica policial. A partir de allí la película entera se densifica y resignifica, poniendo al sorprendido espectador frente al más profundo horror de la época”.

En la página web www.zonafreak.com.ar, en cambio, se le da más desarrollo al asunto: “Campanellal nos cuenta un cuento que atraviesa las décadas, pero vive clavado en años de plomo, poco cuando la Argentina ingresaba de lleno en su túnel más oscuro. El secreto de sus ojos mira allí, pero apenas como un escenario temporal, sin explicitar una posición política (aunque, por si hacía falta, dejando en claro de que lado estaban los villanos) sino apenas (y nada menos) para contextualizar el caso y darle un brillo especial. O mejor, una opaca y tremebunda oscuridad histórica”.

En www.otroscines.com, Diego Batle resume que se trata de “una impecable mixtura entre la épica romántica, el thriller judicial (buena parte transcurre en el interior de un juzgado en 1974) y el drama de época con tintes políticos, reminiscencias del noir y espíritu novelesco”.

Mientras que la web www.unmundodecine.com, el crítico José Felipe Díez Rioz comenta: “Con un pie en la Argentina de los años de plomo (pero sólo con las referencias justas para situarnos en una época en la que la inestabilidad política abriría las puertas a la llegada de la dictadura) y otro en nuestros días, Campanella va tejiendo un complejo tejido de culpas, remordimientos, ansias calladas y silencios”.

El diario español El País comentó la película con motivo de su presentación en el Festival de San Sebastián. Ni una palabra sobre el tema. Los críticos de radio y televisión en general tampoco hicieron mención al asunto.

LA HISTORIA

Todo gira alrededor de un juzgado federal en el Buenos Aires de 1974, donde Espósito (Ricardo Darín) es un empleado jerárquico. Junto a él trabaja Sandoval (Guillermo Francella), su mejor amigo y colaborador. Pronto se incorpora a ellos una joven abogada de doble apellido, Irene (Soledad Villamil). Espósito se enamora de ella pero no se atreve ni se atreverá a confesarle sus sentimientos. Esa es la situación de base. Hasta que pasa algo: el asesinato y violación de una joven y bella maestra. Su marido, Morales (Pablo Rago) queda desconsolado.

Parece una investigación de rutina. Pero el caso se complica hasta afectar trágica y definitivamente la vida de todos los involucrados. Después de algunas peripecias, gracias al talento de Sandoval consiguen identificar y encarcelar al asesino. Pronto descubren que fue puesto en libertad por la intervención de un cabecilla de la Triple A, organización para la cual el asesino fue reclutado. El crimen queda impune y Morales, el viudo, queda hundido en la desolación y la desesperación. La Triple A intenta matar a Espósito pero sin saberlo asesina a Sandoval, que se sacrifica por su amigo. Gracias a las influencias familiares de Irene, Espósito se refugia en un juzgado del norte del país.

Muchos años después, Espósito, ya jubilado, regresa a Buenos Aires decidido a reconstruir aquella historia por medio de una novela que comparte con Irene, que se ha convertido en la fiscal del juzgado. Qué habría pasado con el asesino? Qué habría pasado con el esposo de la maestra? Y qué habría de pasar con el amor entre Irene y Espósito?

Nuevas peripecias y por fin Espósito descubre que Morales, el viudo, ha conseguido trabajo en una localidad de provincia. Vive en un caserón en donde mantiene secuestrado desde hace veinte años al asesino de su esposa. Espósito regresa a la Capital y, para alivio de los espectadores, consigue por fin franquearse con Irene.

La película cuenta esta historia de otra manera, por medio de un guión que alterna presente con pasado, que mantiene al espectador interesado durante dos horas, y que se las arregla para desarrollar personalidades, sentimientos y conflictos de manera inesperadamente eficaz en un guión argentino.

LA POLÍTICA

Buena parte de la película gira alrededor del amor imposible entre Irene y Espósito. Pero con esa situación apenas alcanza para hacer una mala película francesa de los años ’60. Es cierto, además, que también es importante la relación entre Espósito y su amigo alcohólico, Sandoval – pero con eso apenas se podría hacer otra mala película costumbrista argentina. Y también es cierto que hay un tenso paralelismo implícito entre el amor frustrado de Morales y el amor aparentemente imposible de Espósito, etc.

Pero desde el punto de vista argumental, o sea, desde el punto de vista del cuento que la película cuenta, la clave es la libertad del asesino. Esa es la crisis que desata el drama.

Si el asesino no sale en libertad... Espósito no se iría al exilio interno (y por lo tanto alejarse de Irene); Sandoval no sería asesinado; Irene quizás no se casaría con quien debía hacerlo una chica como ella; Morales, el viudo, no tendría que hacer justicia por mano propia y, lo que resulta hasta gracioso, Espósito no tendría necesidad de regresar para reconstruir la historia, con lo cual no hay película – o por lo menos esta película.

Pero resulta que el asesino sale en libertad porque es rescatado y reclutado nada menos que por la Triple A... Y sin este “detalle”, la mitad de la historia se cae.

La libertad del asesino por intervención de la Triple A es una condición necesaria de la estructura narrativa y del desarrollo dramático. Para el personaje de Darín este crimen hubiera sido un caso más de los muchos que pasaron por el juzgado. No lo fue porque esa intervención impidió el castigo al culpable identificado, provocó el asesinato de su mejor amigo y lo obligó a alejarse del amor de su vida. La libertad del asesino es el factor que altera estructuralmente la vida de Irene, Espósito, Sandoval y, por supuesto, Morales.

Sin la intervención de la Triple A, Espósito quizás se pasaba 20 años mirando con amor y sin decisión a la atractiva abogada. Sin la intervención de la Triple A, el viudo hubiera tenido que esperar 20 años para ver salir en libertad al criminal. Y sin la intervención de la Triple A, Sandoval no hubiera tenido una muerta heroica sino una penosa agonía por cirrosis en un hospital público. 

Que se trata de la Triple A es visible por las fechas, por el funcionamiento general y hasta inclusive por la ambientación: la pareja protagónica circula por oficinas, pasillo y ascensores que remiten al  Ministerio de Bienestar Social que encabezaba López Rega. El discurso del cabecilla que lo recluta es el discurso de la derecha patotera y asesina de los años ’70. Al mejor estilo Forrest Gump, se muestra un noticiero de Tv donde el asesino aparece como custodio de la ex presidente Martínez de Perón. El recuadro blanco y negro en el conjunto del plano a color lleva la vista del espectador hacia ese “detalle”, que dura unos pocos segundos pero que tiene, como se dice, tiempo de lectura. Y por fin, hasta vemos a la Triple A en acción cuando irrumpe en el departamento de Espósito y asesina a mansalva a su mejor amigo.

Esto no convierte al policial en un “film político”. Hace algo más interesante: coloca a la política en un lugar central en una película de género (lo cual es frecuente en el género policial). No se trata de proponer a El secreto de sus ojos como una gran película política sino de reconocer la variable de lo político como un recurso central de la película.

Y sin embargo... las palabras Triple A, López Rega, extrema derecha, parapolicial, etc nunca aparecen en las críticas periodísticas. A tal extremo que hasta la idea misma de “lo político”, o bien no aparece o bien queda minimizada en estos comentarios.

Algunos quizás pensaron que así le hacían un favor a la película. Suponen que “política” es una palabra pianta-entradas y entonces mejor no hablar de eso. Otros quizás hubieran preferido que El secreto de sus ojos no se metiera con estos temas. Pero quizás, en realidad, estamos frente a otro caso del “de esto no se habla”. Porque la Triple A, la violencia para-estatal desatada por el ministro López Rega, sigue siendo un tema maldito. Tanto, que todavía no tuvo su propia película. 

LA JUSTICIA

Pero no sólo eso. Además de incorporar el tema de la Triple A, la película también se mete con uno de los temas más sensibles en materia de derechos humanos: la justicia por mano propia.

Es bien sabido que los familiares o amigos de las víctimas de la dictadura no hicieron justicia por mano propia. Tampoco lo hicieron los de las víctimas de la Triple A. Y en general la sociedad argentina siempre se ha sentido orgullosa de esto.

Pero en la película resulta que Morales, el viudo, lo hace. Ante la impunidad, secuestra y encierra en un caserón al hombre que violó y asesinó a su joven esposa. Y allí tiene encerrado al gatillo de la Triple A durante más de 20 años... Hace algo que se supone que está muy mal.

Si cualquier otro hiciera algo así, la condena pública, mediática y judicial sería inmediata y aplastante. En el caso del personaje, no hay condena explícita. Pero tampoco hay redención. Hay pura ambigüedad. Este hombre desolado se convierte en carcelero del criminal, dedica su vida a cuidarlo y torturarlo. O acaso no diríamos que es una tortura mantener encerrado de esa manera durante 20 años a ese terrible miserable?

EL ¿OLVIDO?

Muchos argentinos de casi todas las edades y clases sociales vieron la película. No hicimos ni haremos una encuesta académicamente consistente entre ellos. Pero, grosso modo, salta a la vista que muchos de ellos no se dieron cuenta de que los asesinatos (la maestra y Sandoval) y la libertad del asesino ocurren en 1974, o sea, durante un gobierno constitucional, dos años antes de la dictadura militar. Tampoco observaron que el asesino aparece como custodio de la presidenta Martínez de Perón. No pocos confundieron a la patota de López Rega con un grupo de tareas dictatorial.

Existe una numerosa bibliografía acerca de la llamada práctica significante, de los modos de apropiación por parte de los espectadores o, dicho en sencillo, acerca de cómo el espectador lee y resignifica una película o programa de TV más o menos como puede o como quiere. Es una temática teóricamente apasionante y compleja.

Pero no hay que perder el “sentido común”: El secreto de sus ojos ofrece pistas y brinda información explícita. No le echemos la culpa a la película. El problema es otro, está relacionado con la complejidad semiótica del cine y la pobreza de la crítica, tanto como con la empobrecida cultura política de las últimas décadas en nuestro país.



El secreto de sus ojos (Argentina-España/2009). Dirección: Juan José Campanella. Elenco: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago, Javier Godino, José Luis Gioia, Mario Alarcón. Guión: Juan José Campanella y Eduardo Sacheri, sobre la novela La pregunta de sus ojos del mismo Sacheri. Fotografía: Félix Monti. Música: Federico Jusid. Dirección de arte: Marcelo Pont. Duración: 130 minutos.

 

 
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