En la etapa actual del capitalismo, especialmente en la transición que se produce con la crisis del 2007 al momento actual, la reflexión sobre la inversión es un capítulo pendiente del relato histórico.
El elemento profético acompaña los testimonios de las formas de inversión durante las crisis.
El empresario schumpeteriano proclive al cambio tecnológico para poder seguir en la punta del proceso de concentración y centralización capitalista de la producción, dejó paso en los años de 1970 en adelante, al papel de la especulación salvaje del capital financiero.
Revertir esta tendencia en la subjetividad que prima en el comportamiento del inversor individual es una voluntad metafísica, con raigambre mística y romántica. Per se, el empresario prefiere el resguardo precautorio de la especulación a riesgo sobre el precio de las materias primas y de los recursos naturales, o en moneda metálica como el oro.
Nadie arriesga inversión autónoma con recurso propio, salvo cuando la tasa de ganancia incorpora una renta diferencial de rango superlativo que justifica el riesgo y la incertidumbre.
Para saldar esta deficiencia del capital privado, el inversor requiere en la crisis la inyección de recursos por parte del Estado. El revival keynesiano marxista de recuperación del instrumento de intervención pública para financiar y administrar las políticas de inducción de la inversión privada se generaliza, tanto en las potencias centrales como en las emergentes.
La acción de solventar mediante liquidez y gasto público la nueva inversión, pasa a ser prioritaria, luego del salvataje inmediato del sector bancario que se produjo entre agosto del 2007 y la actualidad.
Este actor privilegiado que es el Estado exige la adecuación de las políticas públicas a una gestión más inclusiva y trascendente en tiempo y espacio.
Los primeros elementos a tomar en consideración son:
- El fortalecimiento de la capacitación y entrenamiento de los funcionarios públicos que deben implementar las políticas, gestionar la administración y propagar los efectos de la inducción mediante formas creativas de trabajo vivo.
- La planificación de las acciones y prácticas de inducción, identificando las oportunidades de negocios públicos y privados, la focalización que pueda tener efectos veloces, y la medición del impacto de propagación en otros campos afines.
- La visión estratégica de su accionar en relación a las condiciones sociales de producción, tanto en el campo de la disminución de la fragmentación existente, como en el de la prospectiva de la salida de la crisis.
- La interacción creciente entre las políticas económicas y las políticas sociales, distribuyendo las responsabilidades del capital público y del capital privado.
Lograr ordenar esta intervención estatal, obliga a que el núcleo duro de determinación política sea consciente de que la transición actual en el ciclo económico permite la transformación de situaciones estructurales históricamente instaladas en la traza de la memoria.
No es un período de mutaciones; si así lo asumiera la conciencia del grupo de decisores, equivocaría su accionar de forma irreversible, produciendo un retroceso de rasgo reaccionario conservador, y llevaría las propuestas de inducción a resultados efímeros en tiempo y lugar.
Obviamente la generación de formas transformadoras llevará a controversias y rechazos de parte de los sectores más atrasados de la conciencia social, incluso si la mayoría de los mismos se ve favorecida en los beneficios esperados al momento de realización de la tasa de ganancia.
En nuestro caso inmediato, la discusión sobre el reparto de ganancias al resultado del período de gestión en las empresas, es un buen ejemplo de la carencia de educación para un capitalismo más moderno de nuestra dirigencia empresarial y de parte de nuestra elite decisoria.
El desconocimiento de las formas de incentivo material y de la modificación de las percepciones de la clase trabajadora, frente a la posibilidad de recibir parte de los beneficios de las empresas, forma parte del desconocimiento de las formas de reproducción del capital en el estadio actual de la crisis.
Al mismo tiempo, podemos avanzar que un debate sobre cogestión empresarial sería adecuado para provocar una reforma sustantiva en el protagonismo de los trabajadores en el Management de las actividades productivas.
Estos elementos de debate tienen que formar parte de una creciente intervención del Estado en la calificación de la dirigencia empresarial y sindical, al mismo tiempo que en la de los cuadros político-técnico que necesita el momento actual.
Para salir de la crisis se necesita el diseño de políticas y planes del Estado para el mediano y largo plazo. Pero junto a esta necesidad es preciso inducir un nuevo paradigma de uso del poder en relación a los cambios del imaginario social.
Una voluntad romántica de propagación de la inversión fuera de la lógica monetaria del tipo de cambio y la liquidez, tiene que primar como una profecía a transformar en un comportamiento estructural.
El rasgo identitario de la alianza entre empresarios, Estado y trabajadores, debe surgir en la nueva inversión, con tecnologías limpias en el proceso de producción, crédito público y privado - regido por una tasa de interés menor a la tasa de ganancia media esperada en el sector industrial - y finalmente con una inserción internacional inteligente para predecir la inestabilidad creciente en el ciclo internacional.
Bibliografía: Mario Burkún y Guillermo Vitelli: Crisis en la madurez del capitalismo. Argentina y Estados Unidos. Prometeo libros. Buenos Aires. 2010.-