Es tradicional en los jugadores de naipes tratar de disminuir las oportunidades de perder. Si imperan las buenas prácticas deportivas se busca disminuir la aleatoriedad realizando cálculos de probabilidades; o tratando de tener mayor información del juego del adversario, o produciendo trampas y engaños, si predominan las malas prácticas.
En política internacional es cada vez más frecuente que las relaciones sean inestables e inciertas. La aleatoriedad y la incertidumbre llevan a que los decidores públicos y privados acepten resolver los conflictos existentes o previstos con acciones similares a las de un juego de naipes.
El azar y la necesidad, dejan de ser propios del campo de la biología y la genética, para insertarse como axiomas de las relaciones internacionales. Se monta sobre otras variables como la información privilegiada, el papel de los servicios de inteligencia y penetración, el armamento sofisticado y la “inteligencia” en las intervenciones limitadas.
En la crisis posterior al balance de la guerra fría se fueron sucediendo formas de acción política en donde las potencias dominantes fueron adoptando decisiones de carácter multilateral, pero por un número menor de participantes.
El desequilibrio dominante después de la caída del muro de Berlín en 1989, termino con la guerra fría, pero dejo regiones “calientes” con guerras y conflictos limitados pero sin final.
Esta volatilidad de la guerra, se caracteriza por su carácter de conflicto permanente, donde la seguridad de los acuerdos de paz, quedo incierta y frágil. Se pasó de los acuerdos internacionales a los conflictos locales, que se reavivan ante cada posibilidad de una modificación de las condiciones a largo plazo.
Detrás de esta metodología del uso del tiempo y del espacio, se encuentran las condiciones materiales de la fase actual de la globalización, donde la especulación financiera comparte la volatilidad de la liquidez internacional, con las commodities y las materias primas. Petróleo y política vuelven a ser consignas de las condiciones objetivas del conflicto internacional, cuya localización facilita la geopolítica de la guerra internacional. El petróleo supera los 100u$s el barril, y el conflicto desatado en Libia, así como el impacto de los cambios que todavía pueden sucederse en Medio Oriente presionan a la especulación de precios a futuro, condicionando las respuestas políticas de corto plazo.
La coyuntura actual.
En ese contexto debemos aproximarnos a la etapa actual de las expresiones de la tensión social en Medio Oriente.
Esta región eclosiona alternativamente siguiendo vaivenes temporales del ciclo político y económico en la región. En la depresión estalla en forma de violencia de alta intensidad pero limitada en el espacio, caso del conflicto entre Israel y sus vecinos. Intervenciones en Líbano, Intifada, Gaza.
En dichas situaciones, no se modificó el esquema de conflicto, mediante la posibilidad de acuerdos de paz estables, y a último momento siempre se produce la ruptura de negociaciones y se presenta la aleatoriedad de la circunstancia de un nuevo conflicto.
Pero en la última crisis, posterior a 2008, se hace notar que la necesidad de resolución de la situación bancaria y financiera, de los deudores internacionales, así como la búsqueda de una salida productiva para un nuevo paradigma de industrialización, se enfrenta con los resabios y secuelas de la crisis.
Primera condición objetiva es la gran desocupación en el propio imperio, donde el índice de desempleo abierto recién ahora llega al 9% en los EE.UU., luego de ingentes aumentos del gasto tratando de aumentar el consumo y facilitar la creación de empleo. Pero también afecta a países con gran crecimiento como China Comunista o Rusia. Sin dejar de citar las dificultades en la Unión Europea, especialmente en la base del Mediterráneo.
Pero es en los países de alto crecimiento demográfico, con un boom de natalidad en los últimos 20 años, como son los asiáticos (India, Indonesia), así como los de Medio Oriente y África subsahariana, y América Latina, donde el fenómeno del hambre y la falta de trabajo vivo se agudiza.
En algunos, la inestabilidad de esta situación se gestiona por procesos de estabilidad institucional en riesgo pero manejables, como el caso de África del Sur, la India, Indonesia o los latinoamericanos.
Pero en Medio Oriente la situación es explosiva. El cuestionamiento a las formas de expresión políticas y a los políticos es un fenómeno de masas. La multitud asume la violencia en una praxis cuestionadora de las dictaduras institucionales, que recuerda los fenómenos surgidos de estallidos inducidos por acontecimientos carentes de significación trascendente, pero facilitadores del movimiento revolucionario.
El mayo del 68 en la Sorbona, llevó a la primavera de Praga, al Cordobazo, a la derrota del Gaullismo en Francia... La caída del Muro arrastró la implosión de la Unión Soviética y de todo el bloque de Europa Oriental y casi continúa en Tiananmen. Actualmente la inmolación del vendedor ambulante en Túnez está generando el cuestionamiento y la modificación del Medio Oriente.
Generalmente cuando se desarrollan estos acontecimientos las potencias dominantes temen la posibilidad de pérdida de regiones controladas y necesarias para poder seguir “colonizando” los mercados y los recursos naturales y poblacionales.
Ante esta situación, la administración Obama asume de forma inteligente la necesidad de no reconocer los regimenes anquilosados y antipopulares, y jugar una apuesta incierta y de riesgo, pero con la seguridad de mantener un vínculo privilegiado en la secuencia de transformaciones y cambio que se sucede. El caso de la presión sobre los presidentes depuestos de Egipto y Túnez son los más evidentes.
Los movimientos de Túnez, de la plaza Tahrir en el Cairo, de Bahrein, los cambios inducidos en Líbano, Jordania, Marruecos y los conflictos en Yemen, y Argelia son ejemplo de esta forma de acción y de política.
Donde objetivamente más se expresa la necesidad de una modificación profunda es en Libia, ya que este país y su ex líder Gaddafi, son el ejemplo determinante, como en su momento fue Ceausescu en Rumania.
Si se termina el régimen de Libia, es posible que Arabia Saudita, Pakistán, Argelia e Irán sientan el impacto y deban asumir cambios importantes sin que esto sea totalmente previsible.
El “que se vayan todos”, es la consigna en la juventud de esta región del Medio Oriente extendido.
Pero este “que se vayan todos” tiene en algunos casos formas de resolución transitoria de la situación de burocratización del poder, que son profundamente inestables, como el caso de Egipto. Sin embargo, la expresión identitaria con un lugar simbólico, queda como ejemplo mítico de posibilidad de voluntad triunfante. Esto recuerda nuestro 17 de octubre, o Berlín del 89, o los fracasos en Budapest en el 56, Praga en el 68, la Bastille y la Sorbona en el 68, y Tiananmen en Pekín.
Cuales son los contenidos está por verse. El deseo de libertad inyecta la libido de los procesos revolucionarios, pero el paso de lo efímero a lo conciente está mediado por la historia de las identidades nacionales frustradas en la región, y por la cultura de la opresión y la dictadura del silencio y la tortura.
Ver como se transita hacia la emancipación de la conciencia social en los pueblos del Magreb y del Mashrek, implica una modificación profunda de las relaciones internacionales.
Ciertamente esto afecta también la relación de políticas internas en las potencias. En EE.UU. y en la Unión Europea el fantasma del fracaso en las intervenciones directas en Irak y Afganistán, así como en las circunstanciales en Somalia, Eritrea y Djibouti, contiene la presencia directa.
En Rusia y China la perdida de presencia en la región del Medio Oriente los lleva a oponerse a medidas de retorsión con las dictaduras.
Los países de la base del Mediterráneo ven fracasar sus relaciones de acercamiento en búsqueda de inversiones de los fondos árabes y de control de las migraciones africanas.
Finalmente Israel también queda al desnudo como país beligerante, en donde su aliado más importante puede estar realizando un juego de naipes más riesgoso que el de la guerra sin resolución. Los ejemplos cunden: la aceptación de formas de fundamentalismo islámico lavadas de su carácter más agresivo (como es el caso del primer ministro del Líbano, miembro de Hesbollah, pero aceptado por el Departamento de Estado), o la participación posible en elecciones en Egipto de miembros de los Hermanos Musulmanes, o igualmente en el gobierno provisorio de Libia instalado en Benghazi.
En este contexto, la nueva expansión de las relaciones de dominación deja la posibilidad de mayores grados de libertad para los pueblos en lucha, con la necesidad de que la memoria de una historia de dictaduras y represiones deje lugar a sociedades más inclusiva, con menor pobreza y más trabajo para los jóvenes, con mayor protagonismo de la mujer (homenaje en su día), y con justicia social como paradigmas de la emancipación de la conciencia.
El armamentismo y la carrera por la propiedad de las fuentes de energía convencional deben de dejar de ser la base material de los objetivos del sistema de reproducción de las relaciones internacionales.
El respeto a la dignidad social de los pueblos en búsqueda de democracia y libertad tienen que ser prioritarios para un proceso de salida de la crisis económica y del cambio cultural en los vínculos entre los seres humanos.
Buenos Aires, 8 de marzo de 2011.