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Sobre cuentos y relatos
Por Lidia Henales

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.              
León Felipe

 

La vida me ha llevado recientemente a países donde viví. Hacía una década que no estaba en España, Suecia y Alemania, una década extraordinaria para esos países y para Argentina. La última vez que había viajado al continente de donde vinieron mis padres - y donde tuve que exiliarme yo alguna vez. Europa relucía y aquí se  vivían las vísperas de la crisis del 2001. Este viaje de 2011 me produce algunas reflexiones que quiero compartir, porque las fechas de esos largos viajes, son especialmente ricas de significado.

En 2001, por ejemplo, en  Suecia, me golpeó emocionalmente ver la pérdida de muchas de las cosas que alcancé a conocer y que constituían, a mi modo de ver, el ejemplo máximo de Estado de Bienestar que se ha dado. Yo sabía, por la información y el testimonio de amigos, que de aquella Suecia que yo había conocido quedaba el paisaje, el idioma y algunas cosas más. Sabía que el modelo socialdemócrata había transigido, que se habían aplicado las políticas del neoliberalismo y que muchas cosas habían cambiado. Sin embargo ver, experimentar es otra cosa, es algo muy diferente a leer, a tener la simple información. Desde principios de los 80, mas concretamente, después de ese hito que significó el asesinato de Olof Palme, la socialdemocracia había ido retrocediendo y en 2001 ya se había ido desmontando ese cuento de hadas convertido en realidad que tuve la fortuna de conocer. Las lecturas de Henning Mankell o Stieg Larson dieron continuidad a esa impresión del 2001.

Ese mismo año, 2001, me encontré con una España que conocía un esplendor inimaginable a fines de los 70. Exteriormente, de aquella España gris, recelosa,  con mucha gente poco instruida que yo había conocido poco después de la muerte de Franco, no quedaba casi nada a comienzos de este milenio. En las calles de Madrid la gente vestía de tal modo que parecía recién salida de un escaparate, se veían casas, coches y jóvenes que les llevaban 15 cm, de media, a sus padres - lo cual comprobaba entre otras cosas el salto alimentario y sanitario dado. La sensación de prosperidad era la impronta de Madrid, la seguridad y sofisticación adquiridas por antiguos conocidos universitarios me dejaba atónita. Si bien yo había advertido algo o mucho de esto en la autosuficiencia de los cuadros del PSOE a principios de los 80, éstos españoles exitosos del 2000 me dejaban atónita. No tenían nada que ver con los jóvenes que se lanzaban con desenfreno a experimentar todo lo prohibido por los 40 años de Franco, la Iglesia y las familias. Hablaban como si fueran franceses y viajaban por todo el mundo. Madrid era una fiesta y una parte de España también. No  así en el País Vasco donde la prosperidad económica era aun mayor pero estaba atravesada por el conflicto, con ETA activa y unos partidos mayoritarios (PP y PSOE) que sólo se ponían de acuerdo en negar toda posibilidad de la izquierda nacionalista. La izquierda arbetzale.

Ese fue una de los dos grandes temas por los cuales la comparación 2001-2011 me ha resultado tan impresionante. También tenia las informaciones pero… otra cosa es verlo. Hace más de dos años que ETA no lleva a cabo acciones armadas y en 2010, Bildu, partido de la izquierda nacionalista, después de años luchando para que se le permitiese presentar a elecciones, lo logró con tanto éxito que ganó la alcaidía de San Sebastián y unos cuantos ayuntamientos más. Mientras estaba yo en España, la izquierda arbetzale consiguió otro triunfo al reunir una Comisión mediadora con grandes personajes de nivel internacional, que en Madrid pretendía ignorarse en los medios de comunicación de una manera que me pareció hasta infantil. Días después vino el comunicado de ETA anunciando el abandono definitivo de la lucha armada. La histeria de los principales dirigentes de ambos partidos (PP y PSOE) era notable, tratando de adjudicarse el “triunfo sobre la banda terrorista” y exigiendo que pidan perdón, que entreguen las armas y otras cosas semejantes, mientras los partidos vascos, incluidos los referentes locales de PP y PSOE tomaban el hecho de manera muy distinta, con mucho cuidado y calma. Ellos saben que hoy en día los nacionalistas vascos, de derecha y de izquierda, constituyen la mayoría. Que los dos grandes partidos de España debieron unirse para poner al lehendakari, porque el relato sobre el terrorismo y el miedo al mismo era uno de los pilares fundamentales de la unidad española. El otro es el fútbol.

El otro gran tema por el cual la comparación 2001-2011 resulta impresionante fue, por supuesto, la situación económica, la crisis y sus efectos sobre las personas. Los resultados de la crisis no se manifiestan igual en todas partes de España. Se hace muy patente en Madrid, por la disminución de clientela en los lugares adonde concurría la clase media del 2000. Ciudad  (y Autonomía) de derecha, donde gobierna el PP desde hace rato, el tradicional modo de ser se ha profundizado hasta una llamativa agresividad en el trato cotidiano. Hay realidades duras a la vista de todos. Por ejemplo la impresionante oferta de prostitución de todo tipo, en cualquier parte y a cualquier hora. También impresiona que tantos madrileños tengan la convicción  de que esto se arregla echando a los “sociatas”, con Rajoy aplicando un plan típicamente neoliberal. Aunque esta palabra (neoliberal) sólo la usen sólo los indignados universitarios. No está en el léxico del español medio la palabra ni el concepto en su cultura política. El relato predominante es que Zapatero ha sido un inútil, que en el PSOE hay mucha corrupción, que hace falta volver a los tiempos de orden y que los inmigrantes son un problema principal porque han llegado para quitarles lo que es de los españoles. Mas o menos rudamente es la argumentación del camarero del bar o del presentador de las varias cadenas televisivas que responden al PP. Prácticamente toda la tv privada que se ve en Madrid machaca sobre estos temas y eso es lo que consume la gente cuando no está mirando unos programas que me hicieron pensar que los de Rial, Polino y Lucho Aviles son serios y de buen nivel. La llamada “telebasura” me sorprendió también en Andalucía, (porque allí también puse la tele) y me han dicho que junto al fútbol y los programas sobre juicios y crímenes dominan la pantalla peninsular. Nada que nos sorprenda mucho.

Una Andalucía que ha prosperado y donde se observa mucho más calma y bienestar, es la contracara de Madrid. El cultivo de olivos y la fabricación del cada vez más preciado y exportado aceite de oliva, ha sido decisiva para los cambios que  se observan en esta autonomía. Tiene la suerte de ser centro de la gran “industria” española: el turismo. Sector que seguramente no sufrirá una merma apreciable. Tampoco el aceite y las aceitunas, con lo cual la baja población andaluza está relativamente bien y algunas ciudades se ven ricas y sobre todo, cosmopolitas.

Barcelona parece un lugar expectante, no sabiendo muy bien qué hacer con todos esos edificios inmensos y vacios que ha construido, pero con clara evidencia de que en esa región (lo mismo que en el País Vasco) la prosperidad es de larga data. Sin embargo la crisis ha afectado a Catalunya en un aspecto que es típico de la crisis: el racismo, la subestimación de otros pueblos y regiones. En otro país serian inimaginables las declaraciones de el presidente de Cataluña, Artur Mas quien afirmó que a gallegos, andaluces y extremeños no se les entiende cuando hablan en castellano (en un polémica sobre el idioma catalán en las escuelas). En la misma línea elitista Josep Duran i Lleida, cabeza de lista de CiU (derecha nacionalista) dijo que los agricultores del sur viven de los subsidios mientras que Catalunya tienen una agricultura “productiva”. La xenofobia y los prejuicios florecen en Europa. Y eso nos lleva al centro del tema.

Estuve también tanto en 2001 como en 2011, en Alemania, país en el que  no he vivido pero al que conozco bien. La centralidad germana siempre se nota. Especialmente se hacen notar muy fuertemente los hombres de negocios, la abundancia, el aferramiento al honor nacional, la distancia abismal entre locales y extranjeros. Como desde los 70 se permite el lujo de tener a muchos subvencionados que a veces son artistas de verdad y otras, simples desocupados. La vida cotidiana no está afectada por la crisis. La mayoría de los alemanes la ignoran, los grupos globalifóbicos incluidos. Sólo hablan de ella los que dicen estar “cansados de pagar la ineficiencia de los griegos y otros semejantes”. Nadie sabe o dice saber de las reparaciones de guerra que Alemania nunca le pagó a Grecia, así como nunca se habla del Plan Marshall. Alemania parece sufrir de amnesia crónica. Hacer negocios, sacar ventajas, caiga quien caiga, es una parte importante de los valores de la educación germana tanto como el respeto al esfuerzo y la perseverancia. Impregna la literatura escolar, se afirma en el nivel universitario. Me llevé de Alemania la imagen de los ejecutivos de traje, siempre serenos pero con prisa, casi siempre altos y rubios, que todo el tiempo encuentran  razones para moverse así. Es notable ver la actitud de de muchos extranjeros que sufren una suerte de complejo de inferioridad con respecto a esos tipos altos y rubios.

Otros tipos altos y rubios son los suecos, quienes, de verdad no se dejan impresionar por nadie y parecen muy distendidos si una los encuentra en un aeropuerto alemán. Esta gente a la que conozco por años de convivencia mantiene la impertérrita fe en sí mismos que los caracteriza, mirando un poco condescendientemente a ese continente que siempre está convulsionado por guerras (en las que los suecos no intervienen) o crisis estruendosas. Como si vivir con ese clima despiadado los hiciera indemnes a los avatares de la sangre caliente de sus vecinos del sur. 

La verdad política es que ni la izquierda ni la derecha sueca se han creído lo  de la Europa unida. Entraron en la UE pero no tienen euro y no los acucia la  deuda. Como los noruegos, sus antiguos hermanitos pobres, recién enriquecidos  gracias al petróleo, pero que siguen viviendo austeramente porque saben que el oro negro, en esa zona, que es pequeña, tiene fecha de vencimiento cierta. Los suecos se vieron obligados a aceptar ciertas formalidades exigidas por los amigos alemanes y entraron al club de la UE. Pero … no dejaron su moneda, no tomaron préstamos, no hubo relato que los confundiera. La cautela escandinava primó y ahora miran la crisis por tv. Pero no todos son aciertos en Suecia. Ya cuando viajé en 2001 noté que, en menos de 20 años, había abandonado mucho de  aquello que alguna vez la había convertido casi en un paraíso social y había pasado a ser un país casi “normal” con estratificación social basada en diferencias enormes en la distribución del ingreso y una incorporación súbita de inmigrantes que sirvieron para bajar los salarios y que ya entonces se veía que estaban con enormes dificultades de integración. Diez años mas tarde el panorama social es  triste. Los ghetos de inmigrantes no sólo son cerrados, son peligrosos para todo aquel que no pertenezca a ellos, la escuela no alcanza a integrarlos, los docentes de los barrios donde viven esos grupos de inmigrantes están desalentados y cuentas cosas que asustan mucho. Fue muy triste comprobar lo mal que viven los hijos de los latinoamericanos que se llegaron como exiliados y se quedaron en Suecia, el grado de marginalidad entre ellos. Quienes tuvieron hijos con escandinavos difícilmente pueden hablar con ellos acerca de sus luchas en este continente, de las razones que los llevaron a aquellas tierras, porque al abismo que normalmente hay en Suecia entre las generaciones se agrega la diferencia de valores y cultura. No hay relato que los una.

 

La Importancia del relato

El relato es fundamental en política. Si no se encuentra un buen relato no se consolida un proceso, una causa. El que sea, el relato conservador católico español o el del liberalismo de Reagan y Thatcher. Lo importante es tener un relato que sirva un largo tiempo para explicar lo que se busca. El relato puede estar basado en verdades, hechos comprobables por la gente y entonces perdurará a pesar de las adversidades (como el del primer peronismo que sobrevivió a 18 años de proscripción y muchas cosas terribles pero se mantiene sin mayores cambios) o estará basado en aseveraciones falsas y será dominante durante un tiempo históricamente mas breve. No obstante, un relato que sostiene falsedades, si está basado en intereses que se mantienen, sufrirá modificaciones pero mantendrá su esencia. El relato antiperonista ha cambiado mucho desde 1956 porque ya nadie puede justificar fusilamientos, ni contar barbaridades sobre Perón y Evita, pero perdura hasta hoy en su esencia. La lucha por el relato que va  perdurar se da ahora en España con respecto a la decisión de ETA de abandonar las armas, la mediación de líderes internacionales, que querrá ser ignorada. Zapatero lo dijo claramente: que no quede el relato de que fueron los etarras los que consiguieron la paz.

A  esta altura quiero decir que para hablar de relato y cuento no me baso en teoría alguna. Simplemente me baso en las definiciones del diccionario de la Real Academia. No están muy prestigiadas como método pero sirven de mucho. Con respecto a relato dice el diccionario que éste es: 1). Conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho.2) Narración, cuento. Ahí, en la segunda acepción, parece que se confundieran los términos pero no es así, en realidad. Cuando uno busca “cuento “en el Diccionario aparece lo siguiente: 1) Relato, generalmente indiscreto, de un suceso. 2). Relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención. 3). Narración breve de ficción. 4) Embuste, engaño. 5) Chisme o enredo que se cuenta a una persona para ponerla mal con otra. 6) Quimera, desazón.

La Argentina es un ejemplo muy claro de la importancia del relato en la constitución de la nación y en la afirmación de sus opciones políticas.

El relato fue fundamental para amalgamar al aluvión inmigratorio que recibió Argentina entre 1870 y 1930 aproximadamente. La educación fue una herramienta maravillosa para construirlo y afirmarlo, como ya he dicho en artículos anteriores. Una de las funciones principales de la escuela fue esa: generar un relato que hiciera argentinos a los hijos de españoles, italianos, judíos del este europeo o “turcos” venidos de Siria y el Líbano. Las efemérides, tan vilipendiadas en los últimos tiempos, tenían un valor didáctico fundamental. La educación vinculada al trabajo tiene su propio relato vinculado a la industrialización, los valores nacionales, la soberanía y por eso fue tan atacada en los años 90. La educación es fundamental para la construcción de esos relatos (que no cuentos) que sostienen y acompañan al devenir de los cambios políticos, económicos y sociales. Pero no sólo en las clases de Historia, que están tan devaluadas, sino en todos los valores que se transmiten en la escuela y en los medios de comunicación. Me es inevitable llevar el tema a mi campo profesional, sobre todo en la forma en que lo entiendo, que no es el de los métodos, de la Pedagogía y la Didáctica, sino en el de la educación como herramienta política. En ese sentido creo que el área donde mas transformaciones hay que hacer ahora es, justamente, el educativo. Algo que es muy difícil porque no consiste sólo en construir escuelas o universidades, aumentar los sueldos docentes o dar asistencia a la comunidad. Todo eso hay que hacerlo pero ahora toca meter mano en lo mas difícil que es lo intangible, lo que está dentro de la cabeza de los maestros y profesores. El campo de los conocimientos, de la formación y el perfeccionamiento, del Posgrado. Y no para llenarles la cabeza de cuentos como se intentó con las “Reformas” de los 90 o como se hace aún ahora en los lugares donde se forman los docentes, sino para que podamos lograr en ellos un pensamiento crítico basado en conocimientos serios, que los saque, además, del desaliento. Hoy en Argentina conviven dos relatos antagónicos: el del movimiento nacional liderado por Cristina Kirchner que ha sido revalidado en las urnas y otro relato que no se puede menospreciar porque implica a mucha gente. Ese segundo relato es mas confuso en sus formulaciones porque la oposición política que lo genera también lo es. El intento más serio de organizarlo es el del multimedia oligopólico, por supuesto, pero no encuentra buenos protagonista del guión que escriben. La forma más patética de ese relato la dio Elisa Carrió y recibió su resultado en las urnas.

Durante estos diez años del siglo XXI me ha tocado viajar mucho por las Américas. Desde Canadá hasta  Chile, fui viendo las transformaciones de este continente implicándome además, en los cambios de Argentina. De alguna manera es como si los espacios (Europa y el subcontinente sudamericano) hubieran seguidos procesos en sentido inverso. No sólo por circunstancias que tienen que ver con el desarrollo del capitalismo financiero, que primero se cebó en nosotros y ahora hace estragos en el Norte. Sino también por la forma en que se enfrentan las situaciones, por el “acumulado” de experiencias vividas, por las creaciones políticas diferentes. Cuando Kirchner dio los pasos fuertes e indispensables que cambiaron la dirección del país, lo hizo porque era portador de un relato histórico que le daba marco teórico a su conducta y que era conocido, apoyado por millones de argentinos que habían sido “derrotados” treinta años antes, en la lucha por esos cambios que  Néstor Kirchner empezaba a implementar. Millones sabíamos qué objetivos tenia y otros millones lo fueron aprendiendo. Esa construcción era hija del primer peronismo fundacional, de la Resistencia, de las lecturas de Scalabrini Ortiz y de Jauretche, de las reflexiones en la cárcel y el exilio, de lo que aprendimos con la  derrota electoral frente a Alfonsín, del fiasco menemista, de todo lo que reflexionamos y escribimos sobre estos trances. El peronismo ha construido un modo de ver el país y el mundo, un modo original e independiente. Eso es lo que sustenta hoy, también, a la presidenta, además de los propios méritos. Se trata de una construcción histórica, colectiva que es sólida no sólo por lo mucho que se ha hecho en los últimos ocho años sino también por todo lo que se fue armando, consolidando desde hace 60,70 años.

Europa carece, hoy, de éste reaseguro. Sólo los “indignados” cuestionan lo que nosotros cuestionamos desde la mitad del siglo XX. Los constructores de nuevas opciones políticas o de la renovación de las antiguas tienen que valerse de su propia experiencia, no hay una corriente histórica, un movimiento con continuidad  que los guíe fluidamente. Los socialismos o socialdemocracias hace demasiado tiempo que se desviaron del camino de sus fundadores y los comunistas todavía están pagando los desastres de la Unión soviética. Cuando veía a los jóvenes de Puerta del Sol y los comparaba con los nuestros que despliegan su belleza, su entusiasmo, su fuerza y su alegría en Plaza de Mayo sentía que les habíamos dejado mucho. Sobre todo la dignidad y un relato coherente que la demuestra.

 

 
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