La memoria tiene tres estadios que dejan trazos, arrugas y cicatrices en la conciencia nacional. La memoria pasada en la política económica es la de las frustraciones cíclicas, con crisis de hiperinflación, destrucción del tejido productivo y desocupación, después de momentos cortos de crecimiento y distribución del ingreso, con ampliación del equipo de capital y cambios de productividad. La memoria presente es la de desarrollo del mercado interno, mayor consumo con demanda solvente, una mejora permanente del producto bruto interno y un uso más intensivo del equipo de capital con crecimiento constante del empleo formal e informal. Pero siempre con el reflejo de la posibilidad de crisis como sensibilidad de piel con cada suceso en el mercado financiero o en el corrimiento de los precios relativos. La memoria futura es aquella que funciona como condicionamiento subjetivo en el inconsciente para limitar con prejuicios y preconceptos las posibilidades de creatividad y de voluntad de superación en todo proyecto nuevo de inversión y riesgo.
Cómo se manifiesta esta situación histórica presente de expansión y posibilidad de acumulación con el contexto internacional de regiones en crisis y regiones en crecimiento acelerado. En nuestro caso la fragmentación del proceso de acumulación durante la globalización en los últimos 20 años ha producido como resultado una economía con un gran sector pymes y otro sector de grandes corporaciones empresariales.
El Estado ha vuelto a tener presencia importante en ambos sectores productivos, y también en la solución de las carencias en el sector improductivo de la economía, que en la crisis del 2001-2002 llego a significar entre el 30% y el 40% de la economía, y que actualmente gira en alrededor de un 5% de lo que llamaríamos exclusión total.
Haber asumido la política social de incorporación de los excluidos a la sociedad industrializada tiene un impacto sustantivo en las condiciones sociales de producción, para permitir aflojar el chaleco de fuerza que en las sociedades periféricas significa la miseria y la pobreza extrema al núcleo duro del capitalismo.
En el caso de la percepción de crisis en la otra cara del desarrollo, aparece la necesidad de superar la espera permanente a entrar en depresión y falta de inducción de la decisión de inversión. La incertidumbre del crecimiento permanente y sostenido lleva a sobreactuar la seguridad extrema en la toma de decisiones y la tendencia al ajuste ortodoxo como discurso preventivo. Esto lleva a desconocer que el sector de las grandes empresas se expande en el ámbito local, regional y cada vez más en el plano de la internacionalización del capital. Para lo cual requiere que las estrategias particulares se conviertan en colectivas y faciliten la acumulación ampliada.
La cada vez más importante presencia política en la toma de decisiones regional, ver la última participación de la Presidenta en la Cumbre de Montevideo, tiene que ser acompañada por una economía Argentina que esté basada en una planificación con miras a la potenciación de sus recursos capitalistas. En ese plano las corporaciones transnacionales con base nacional tienen que tener facilidades que pueda otorgar el Estado para servir luego estas corporaciones como pívot y tener un efecto de “industrias industrializantes” del desarrollo local. Estamos hablando de empresas en diversidad de industrias y servicios, desde alimentos, siderurgia, aluminio, energía, informática, productos medicinales, consultores de proyectos, industrias culturales, mineras, construcción...
En nuestro caso, la vigencia siempre atenta a la política monetaria de tipo de cambio, termina siendo un error manifiesto cuando se la opera en el largo plazo como una protección efectiva para la sustitución de importaciones. Esto es propio del crecimiento con el fantasma del cuello de botella del comercio exterior vía el deterioro de los términos de intercambio - y que está vigente en nuestra memoria pasada. Pero la futura tiene más que ver con el uso de la política de tasas de interés y de crédito “protegido” o securitizado como se utiliza en la jerga financiera.
Es decir que la inducción de la inversión tiene que tener para la política monetaria del Estado un cariz vinculado al crédito para pymes basadas en el mercado interno, y al crédito para la inversión de los grandes grupos en el mercado internacional. Esto lleva a orientar una planificación acorde con una internacionalización de los países BRICS y colaterales importantes.
En nuestro caso la internacionalización tiene como primera base el propio mercado regional ampliado con actividades intra-firma, como la industria automotriz o el sector bancario, actividades de presencia controlante como debería ser el Estado en las grandes corporaciones en sectores estratégicos - como la industria nuclear, la espacial, la de defensa, la de energía.
El ejemplo de la inversión productiva de China en el plano internacional o la actividad del Brasil a través del BANDES, son para tener en cuenta.
La timidez en asumir un Estado para situaciones de bienestar y riqueza, esperando la crisis y prejuzgando sobre el futuro, lleva a terminar facilitando las fusiones y absorciones de capitales privados argentinos con capitales internacionales, que en muchas ocasiones no acompañan el modo de acumulación nacional. El último suceso es la pérdida de oportunidad de volver a ser controlante de YPF, cuando que tener una compañía energética es un tema de acumulación nacional estructural.
Como esta situación, otras que hacen a la comprensión del papel del gran capital en el desarrollo de un capitalismo aggiornado, que no es el de la memoria histórica del 48-51, del 58-59, del 93-94, del 96-96, del 05-07, o del último 09-11. Es el del futuro en donde Argentina junto a Brasil pasa a ser una zona con el crecimiento elevado y equilibrado en las proporciones entre agricultura e industria, a la cual le falta una expansión de la productividad en su matriz de insumo producto más coherente.
Las grandes empresas esperan entonces del gobierno nacional la generación de facilidades, no solamente políticas, que ya existen, sino también crediticias y de acompañamiento de la inversión.