El 1 de enero de 2012 se inaugura el Espacio Económico Unido (EEU) de Rusia, Belarús y Kazajstán. Vladímir Putin reflexiona sobre los procesos integradores en un artículo escrito especialmente para el diario Izvestia.
“El 1de enero de 2012 se lanza un importantísimo proyecto integrador: el EEU, integrado por Rusia, Belarús y Kazajstán. Un proyecto que constituye, sin exageraciones, un jalón histórico no sólo para nuestros tres
países sino para todos los Estados en el espacio post-soviético.
El camino hacia esta meta fue complejo y a veces tortuoso. Comenzó hace veinte años, cuando luego del derrumbe de la Unión Soviética fue creada la Comunidad de Estados Independientes (CEI). En rasgos generales fue encontrado el modelo que permitía conservar las miríadas de hilos civilizadores y espirituales que unificaban a nuestros pueblos. Conservar los lazos productivos, económicos y otros sin los que es imposible imaginar nuestra vida.
Es posible evaluar de diferentes formar la eficiencia de la CEI, discurrir interminablemente sobre sus problemas internos y sus expectativas no realizadas. Pero es difícil cuestionar el que la Comunidad sigue siendo un mecanismo
irreemplazable, que permite acercar posiciones y elaborar un único punto de vista sobre problemas claves que se plantean ante nuestra región y aportan un beneficio evidente y concreto a todos sus participantes.
Es más, precisamente la experiencia de la CEI nos permitió iniciar la integración en distintos niveles y diferentes velocidades en el espacio post-soviético, crear tales formatos requeridos como el Estado Aliado de Rusia y
Belarús, la Organización del Tratado sobre Seguridad Colectiva (OTSC), la Comunidad Económica Euroasiática (CEEA), la Unión Aduanera (UA) y, por último, el Espacio Económico Unido (EEU).
Es característico que en el período de la crisis financiera mundial, que obliga a los Estados a buscar nuevos recursos para el crecimiento económico, los procesos integradores hayan recibido un impulso complementario. Nosotros hemos accedido objetivamente a una seria modernización de los principios de nuestra asociación, tanto en la CEI como en las demás uniones regionales. Hemos concentrado nuestra atención antes que nada en el desarrollo de los vínculos de negocio y productivos.
En esencia, se trata de la transformación de la integración en un proyecto estable y a largo plazo, comprensible y atractivo para los ciudadanos y el negocio, que no dependa de las oscilaciones de la actual coyuntura política o de
otra índole.
Subrayo que precisamente esta tarea se planteó al crear en 2000 la CEEA. Al fin de cuentas precisamente la lógica de una cooperación estrecha y mutuamente ventajosa, la comprensión de la comunidad de intereses estratégicos nacionales condujo a Rusia, Belarús y Kazajstán a la conformación de la UA.
El 1 de julio de 2011 en las fronteras internas de nuestros tres países fue levantado el control sobre el tráfico de mercancías, lo que culminó en la formación de un pleno y único territorio aduanero con claras perspectivas para
la realización de las iniciativas de negocio más ambiciosas. Ahora desde la UA damos un paso hacia el EEU. Creamos un colosal mercado con más de 165 millones de consumidores, con una legislación unificada y un libre movimiento de capitales, servicios y mano de obra.
Es conceptualmente importante que el EEU se base sobre acciones concertadas en sectores institucionales claves: la macroeconomía, el aseguramiento de las reglas de competencia, la esfera de los reglamentos técnicos y los subsidios
agrícolas, el transporte y las tarifas de los monopolios naturales. Luego, en la política unificada de visas y migraciones, lo que permitirá levantar el control fronterizo en los límites internos. Es decir, adoptar creativamente la
experiencia de los acuerdos de Schengen, que han sido beneficiosos no sólo para los propios europeos sino para todos los que vienen a trabajar, estudiar o descansar en los países de la UE.
Agrego que ahora no se requiere el equipamiento técnico para 7.000 kilómetros de frontera ruso-kazaja. Es más, se crean condiciones cualitativamente nuevas para incrementar la cooperación fronteriza.
Para los ciudadanos el levantamiento de las barreras migratorias, fronteriza y otras, de las llamadas “cuotas laborales” habrá de significar la posibilidad ilimitada de elegir dónde vivir, recibir educación y trabajar. A propósito en la URSS, con su instituto de registro, no existía semejante libertad.
Además, aumentamos significativamente el volumen de mercancías para consumo personal que puede ser introducida sin gravámenes, con lo que liberamos a la gente de humillantes revisiones en los puestos fronterizos.
Amplias posibilidades se abren también para los negocios. Me refiero a los nuevos mercados dinámicos, donde habrán de regir únicos estándares y requisitos para con las mercancías y los servicios, además en la mayoría de los casos unificados con los europeos. Esto es importante por cuanto ahora todos pasamos a reglamentos técnicos actualizados y una política concordada nos permitirá eludir rupturas tecnológicas y una incompatibilidad trivial de la producción. Es más, cada una de las empresas de nuestros países en cualquier Estado miembro del EEU
prácticamente habrá de gozar de todas las ventajas del productor nacional, incluyendo el acceso a las compras y contratos estatales.
Es natural que para consolidarse en semejante mercado abierto el mundo del negocio deberá trabajar sobre su eficiencia, reducir los costos, aportar recursos para la modernización. Los consumidores sólo ganarán con esto.
Junto con ello podemos hablar sobre el principio de una auténtica “competencia de jurisdicciones”, sobre la lucha por el empresario. Cada comerciante ruso, kazajo o belaruso obtiene el derecho a elegir en cuál de los tres países le
conviene registrar su firma, dónde hacer su negocio, dónde ocuparse de la conformación aduanera de sus cargas. Este es un serio estímulo para que las burocracias nacionales se encarguen de perfeccionar los institutos de mercado,
los procedimientos administrativos y el mejoramiento del clima de negocios e inversiones. En una palabra, liquidar aquellos “lugares estrechos” y claros hasta los que antes no llegaban las manos y perfeccionar la legislación en
correspondencia con la mejor práctica mundial y europea.
En su momento a los europeos les costó 40 años recorrer el camino desde la Comunidad Europea del Carbón y del Acero hasta la plena Unión Europea. El establecimiento de la UA y el EEU avanza con bastante mayor dinamismo por cuanto tiene en cuenta la experiencia de la UE y de otras asociaciones regionales. Vemos sus costados fuertes y débiles. En esto estriba nuestra evidente prevalencia, que nos permite evitar errores y no permitir la reproducción de cortinas burocráticas de distinto tipo. También nos encontramos en permanente contacto con las asociaciones de negocio líderes de los tres países. Discutimos las cuestiones litigiosas y tomamos en cuenta la crítica constructiva. En particular, fue bastante útil la discusión en el Foro de Negocios de la UA, que transcurrió en Moscú en julio de ese año. Repito: para nosotros es muy importante que la opinión pública de nuestros países, los empresarios perciban el proyecto integrador no como juegos burocráticos de cúpula, sino como un organismo absolutamente vivo, una buena posibilidad para la realización de iniciativas y logro de éxito. Así es que, en interés del negocio, se ha resuelto comenzar la codificación de la base de derecho de la UA y el EEU, para que los factores de la vida económica no tengan que abrirse paso a través de un “bosque” de innumerables párrafos, artículos y normas referenciales. Para el trabajo les serán suficientes tan sólo dos documentos básicos: el Código Aduanero y el Tratado Codificado sobre cuestiones de la UA y el EEU. Desde el 1 de enero de 2012 también iniciará su trabajo a pleno el Tribunal de la CEEA.
Además de los Estados, los participantes de la vida económica podrán dirigirse al tribunal por todos los hechos vinculados con discriminación o violación de normas de competencia y condiciones equiparadas de conducción comercial. La peculiaridad conceptual de la UA y el EEU es la existencia de estructuras supraestatales. Con ellas se relaciona también en plena medida un requisito básico como la minimización de los procedimientos burocráticos y la orientación hacia los intereses reales de los ciudadanos. A nuestro parecer, debe elevarse el rol de la comisión de la UA que ahora ya dispone de significativas plenipotencias. En la actualidad son cerca de cuarenta y en el futuro, ya en el marco del EEU, serán más de cien. Entre ellas las facultades para adoptar una serie de decisiones en materia de política de competencia pero además sobre reglamentos técnicos y subsidios. Estas complejas tareas sólo pueden resolverse mediante la creación de una estructura plena, en permanente funcionamiento, compacta, profesional y eficiente. Por eso Rusia presentó la propuesta de crear el Colegio de la UA (CUA) con la participación de representantes de los Estados de la “troika”, que habrán de trabajar ya en calidad de funcionarios independientes, internacionales.
La construcción de la UA y del EEU coloca la base para la formación, en perspectiva, de la Unión Económica Euroasiática. Al mismo tiempo habrá de desarrollarse la gradual ampliación de los participantes en la UA y en el EEU a cuenta de una completa inclusión de Kirguizia y Tadzhikistán en el trabajo. No nos detenemos en esto y nos planteamos una tarea ambiciosa: plantarnos en el siguiente nivel integrador, más elevado: la Unión Euroasiática. ¿Cómo vemos las perspectivas y los contornos de este proyecto? En primer lugar, no se trata de recrear de una u otra forma la URSS. Es ingenuo intentar restaurar o copiar lo que ya ha quedado en el pasado, pero la integración estrecha sobre una nueva base de valores, política y económica, es una imposición de los tiempos.
Nosotros proponemos un modelo de potente asociación supranacional, capaz de ser uno de los polos del mundo contemporáneo y con esto jugar un papel de “lazo” efectivo entre Europa y la dinámica Región Asiático-Pacífica. Entre otras cosas esto implica que sobre la base de la UA y del EEU es imprescindible pasar a una
coordinación más estrecha de la política económica y de divisas, crear una unión económica plena. La conjunción de recursos naturales, capitales y un fuerte potencial humano permitirán a la Unión Euroasiática ser competitiva en la
carrera industrial y tecnológica, en la búsqueda de inversores, en la creación de nuevos puestos de trabajo y en las producciones de avanzada. Junto con otros jugadores: estructuras regionales claves como la UE, los EE.UU., China y la APEC, asegurar la estabilidad del desarrollo global. En segundo lugar, la Unión Euroasiática servirá como una especie de centro para los ulteriores procesos de integración. Es decir habrá de conformarse por medio de una gradual fusión de las estructuras existentes: la UA y el EEU.
En tercer lugar sería un error contraponer la Unión Euroasiática y la Comunidad de Estados Independientes. Cada una de estas estructuras tiene su lugar y su papel en el espacio post-soviético. Rusia, en conjunto con sus socios, está dispuesta a trabajar activamente en el perfeccionamiento de los institutos de la Comunidad y en la complementación de su agenda práctica. En particular se trata de poner en marcha en la CEI iniciativas y programas conjuntos concretos, comprensibles y atractivos. Por ejemplo, en el ámbito energético, del transporte, de las tecnologías de punta, del desarrollo social. Hay grandes perspectivas para la cooperación humanitaria en la ciencia, la cultura y la educación y para la interacción en el ámbito de la regulación de los mercados laborales y la creación de un medio civilizado para la migración laboral. Hemos recibido una gran herencia de la Unión Soviética: la infraestructura, la conformada especialización productiva, el espacio común lingüístico, científico y cultural. Está en nuestros intereses comunes aprovechar este recurso para el desarrollo.
Además estoy convencido de que el régimen comercial liberado al máximo debe ser la base económica de la
Comunidad. A iniciativa de Rusia –en el marco de su presidencia en la CEI en 2010- se preparó el proyecto del nuevo Acuerdo sobre zonas de libre comercio que se basa, a propósito, en los principios de la Organización Mundial de Comercio y está dirigido a un levantamiento de envergadura de barreras de distinto tipo. Pensamos en un serio progreso en la concertación de posiciones sobre el Acuerdo en el curso de la siguiente sesión del Consejo de jefes de gobierno de la CEI, que se realizará de inmediato, en este mes de octubre. En cuarto lugar, la Unión Euroasiática es un proyecto abierto. Saludamos la adhesión a él de otros socios y antes que nada de los países de la Comunidad. No nos aprestamos a apurar o empujar a nadie. Esto debe ser una decisión soberana de los Estados, dictada por
sus propios intereses nacionales a largo plazo.
Aquí quisiera abordar otro tema, a mi entender bastante importante. Algunos de nuestros vecinos explican su desafecto a participar en los proyectos integradores planteados en el espacio post-soviético porque ello estaría contradiciendo su elección europeísta. Considero que esta es una disyuntiva falsa. No nos aprestamos a extrañarnos de alguien o a contraponernos a alguien. La Unión Euroasiática habrá de edificarse sobre principios integradores universales como parte inalienable de la Gran Europa, unificada por compartidos valores de libertad y democracia y por las leyes de mercado. Ya en 2003 Rusia y la UE acordaron la formación de un espacio económico común, la coordinación de normas de actividad económica sin la necesidad de estructuras supranacionales. En el desarrollo de esta idea nosotros les propusimos a los europeos pensar juntos la creación de una armónica comunidad de economías desde Lisboa hasta Vladivostok, zonas de libre comercio e incluso formas avanzadas de integración. También la conformación de una concordada política en el ámbito industrial, de tecnologías, energía, educación y ciencias. Por fin, el levantamiento de las barreras del visado. Estas propuestas no quedaron en el aire. Ellas fueron discutidas en detalle por los colegas europeos.
Ahora la UA y en el futuro el EEU serán partícipes del diálogo con la UE. De tal modo, la inclusión en la Unión Euroasiática, además de los beneficios económicos directos, permitirá a cada uno de sus miembros integrarse a Europa con mayor rapidez y en posiciones más fuertes. Además de ello, el sistema económicamente
lógico y balanceado de asociación en la Unión Euroasiática y en la UE es apto para crear condiciones reales para cambiar la configuración geopolítica y geoeconómica de todo el continente y tendría un indudable efecto positivo
global. Hoy es evidente que la crisis mundial desatada en 2008 poseía un carácter estructural. Ahora mismo vemos sus agudas recidivas.
La raíz del problema se encuentra en los desbalances globales acumulados. En tal sentido el
proceso de elaboración de modelos post-crisis de desarrollo global tiene un desarrollo muy complicado. Por ejemplo, se frenó en la práctica la rueda de Doha, existen dificultades objetivas también dentro de la OMC, una seria crisis experimenta el mismo principio de libertad de comercio y apertura de los mercados. A nuestro entender, la salida puede ser la elaboración de enfoques comunes, como se dice, “desde abajo”. Al principio dentro de las estructuras regionales conformadas: UE, NAFTA, APEC, ASEAN y otras, y luego por medio del diálogo entre ellas. De tales “ladrillos” integradores, precisamente, es que puede configurarse un carácter más estable de la economía mundial.
Por ejemplo, las dos grandes uniones de nuestro continente: la Unión Europea y la Unión Euroasiática en formación, fundamentando su interacción sobre las normas de libre comercio y compatibilidad de los sistemas de regulación, objetivamente, inclusive a través de las relaciones con terceros países y estructuras regionales, están en capacidad de difundir estos principios en todo el espacio: desde el Atlántico hasta el Pacífico. En un espacio que será armónico por su naturaleza económica, pero policéntrico desde el punto de vista de los mecanismos concretos y de las decisiones administrativas. Luego será lógico comenzar un diálogo constructivo sobre los principios de interacción con los estados de la APEC, de las Américas, de otras regiones.
En este sentido señalaré que la UA de Rusia, Belarús y Kazajstán ya comenzó las negociaciones sobre la creación de una zona de libre comercio con la Asociación Europea de Libre Comercio. En la agenda del foro de la APEC que transcurrirá dentro de un año en Vladivostok ocuparán un importante lugar los temas de liberalización del comercio y levantamiento de las barreras en el camino de la cooperación económica. Además, Rusia habrá de propugnar una posición común y acordada de todos los participantes de la UA y del EEU. De tal modo, nuestro proyecto integrador se posiciona en un nivel cualitativamente nuevo, abre amplias perspectivas para el desarrollo económico y crea complementarias prevalencias competitivas. Esta unificación de esfuerzos nos permitirá no sólo inscribirnos en la economía global y el sistema de comercio, sino participar realmente en el proceso de elaboración de decisiones que planteen las reglas de juego y determinen los contornos del futuro. Estoy convencido que la creación de la Unión Euroasiática, la integración efectiva, es el camino que permitirá a sus participantes ocupar un digno lugar en el complejo mundo del siglo XXI. Sólo en conjunto nuestros países serán capaces de ingresar en el grupo de líderes del crecimiento global y del progreso civilizado, lograr el éxito y el florecimiento.
FUENTE: RUSIA HOY. Originalmente publicado en Izvesia.