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“O poder é total, pensou Getúlio. Ninguém se divorcia dele. É uma relaçao indisoluble. Provoca danos irreparáveis, inveja, freidas sem cura. Joao Neves nunca me perdoou por, em 1930, na hora de subir o Brasil para, com a Revoluçao, asumir o poder, ter deixado o Osvaldo na presidência do Rio Grande, quando ele, Joao, era o vicepresidente eleito do Estado. Para mim, era uma questao de estratégia, de dispor as peças certas num tabuleiro incerto. Mas Joao nao viu assim. Achou que era um golpe contra ele, uma maneira de afastá-lo. Ofereci-lhe, de imediato, o posto que desejasse como ministro. Ele recusou. Acabou aceitando mais tarde. A mágoa nunca passou. O poder costuma abandonar os homens, que permanecem ligados a ele pela nostalgia, pela vontade de retomá-lo, pela incapacidade de sobreviver sem ele. Os homens mais tristes que encontrei eram deserdados do poder. Nao existe paixao mayor e mais devastadora. O poder é para sempre, mesmo que seja provisório. Ao contrário do que dizem meus adversários, eu nunca quis o poder. Usei-o por uma só causa: arrancar o Brasil do grotesco atraso em que se encontrava.”
Getúlio Vargas. En Getúlio. Juremir Machado da Silva, pág.23, Ed. Record. Río de Janeiro. 2004.
Cuando queremos representar la realidad de nuestro vecino más importante del MERCOSUR, encontramos que una similitud en el sustento del imaginario colectivo nos acompaña. Perón y Vargas tiene puntos de contacto propios en la subjetividad de la conciencia de clase de nuestros pueblos. Van esos rastros y huellas comunes más lejos que la inmediatez del pragmatismo político, o del discurso seductor para las masas.
Tiene como elemento catalizador el profundo sentido de proyectar en el tiempo las modificaciones estructurales producidas en el tejido social. La permisividad para incluir en un movimiento polifacético a todos los segmentos de estas sociedades emergentes. Vivieron un período de la historia en que sus actos generaron un cambio revolucionario que todavía tiene la inmediatez de saldar la necesidad y la carencia que los desposeídos de ambas naciones tienen. Sellar también en la memoria colectiva sus mandatos de liberación y justicia social, que quedaron truncos con sus derrotas. Desde el exilio sin fin que significa el suicidio político de Getúlio, hasta el exilio con retorno de Perón en una muerte anunciada.
Que nos depara, la respuesta de las masas desposeídas en esta etapa de la globalización, cuando el mensaje de nuestros lideres del pasado nos convoca a resolver las expectativas y representatividades del ahora.
Es dable esperar que en las elecciones actuales de Brasil, se consagre por una diferencia significativa el triunfo de Lula en la segunda vuelta.
Como decimos en nuestra telúrica interpretación comparativa de las raíces de las identidades vigentes del pasado, Lula no es Getúlio.
Su revolución se bloqueo en el momento que asumió el cargo, y quizás no llego todavía al poder propio.
Los cuadros con los que conduce al Brasil, están cooptados por el deseo material y las prebendas sociales.
Sin embargo, el avance de la significación de sus actos de gobierno trasciende el simple uso de una metodología corporativa de práctica política. Su instauración en el vértice del Estado fue y continua siendo una irrupción de los sin nada en la cúpula dominante.
Esta representación de la conciencia social antropológica-cultural de las masas desposeídas es el núcleo duro del proceso electoral brasileño.
Es lo que le da cada vez más poder a la posición política del PT en lo interno, y en la presencia internacional.
El control de la tensión social, la orientación del sistema productivo, la cooptación de segmentos importantes del sistema financiero, y el liderazgo sobre sectores sindicales, son parte de sus logros.
Sin embargo no alcanzó a revertir las bases relevantes del modelo económico de largo plazo del Brasil. Los ejes del proceso de acumulación de capital tienen una continuidad que trasciende la representatividad política.
La voluntad de poder que describe Getúlio no alcanza para generar un salto cualitativo en la conciencia de masas que catalice un cambio revolucionario en el Brasil actual, y permita sacar de la miseria y la extrema carencia a millones de habitantes, favelados y sin tierra, pobres incorporados al crecimiento industrial en condiciones laborales pre-capitalistas, analfabetos y carentes de una mínima cobertura sanitaria, y sobretodo los que no tienen en su infancia el alimento suficiente para no caer en una cronificación existencial permanente.
Es en esa población que tiene su base social el PT, y de donde alimenta su mayoría. Dividida y erosionada en la primera vuelta, por las dificultades para presentar una coherencia en la acción. Pero que en la segunda vuelta le darán una continuidad política.
Ahora bien, que será el próximo gobierno de Lula.
Los interrogantes son aquellos propios a la posibilidad de profundizar una praxis de cambio y de consolidación de rasgos justicialistas, en lo referente a dignidad en el proceso de trabajo, y valorización en la movilidad social para los desposeídos.
O por el contrario, un recostarse en las demandas financieras y especulativas, y producir una continuidad del ajuste y la elevación de la tasa de beneficio con bajos costos de reproducción del trabajo.
El intríngulis no se resolverá en el corto plazo. El modelo económico basado en salarios bajos, energía y servicios baratos, y rendimiento rentístico de la nueva inversión que se avanza al proceso de producción es estable y no ofrece posibilidades de mayores grados de libertad.
Sin embargo la situación internacional es favorable para las economías emergentes en crecimiento. El tradicional deterioro de los términos de intercambio para los precios de los recursos naturales y la producción con poco valor agregado de calidad, se revierte en la última etapa de la globalización.
China y la India de dan continuidad a la absorción de producción de los otros países, para una demanda insatisfecha que posee una propensión al consumo creciente.
La conducción política del Brasil se verá tensionada para solventar, por un lado, una mejora en la distribución del ingreso y en la ampliación de su mercado interno, y por otro lado para obtener más cantidad de recursos genuinos para un desendeudamiento internacional al mismo tiempo que una continuidad en la reproducción ampliada de su equipo de capital.
Las condiciones de este proceso en Brasil, impactan sobre la realidad Argentina. Tenemos que reconocer el papel de vecino quasi-imperial, que busca liderar la América del Sur a través de su expansión regional. Al mismo tiempo la clase dirigente tiene que tener presente tanto en Brasil como en Argentina, de la mutua necesidad de las dos sociedades, de integrarse en un movimiento social, cultural y económico que las fusione y les de una posición común en la globalización.
Los resabios y marcas que nos deja el legado de los líderes históricos, Perón y Vargas, tienen que ser la base de sustentación de un bloque integrado que potencie a las dos naciones y posibilite la tan ansiada justicia social parar nuestros pueblos.
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