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Rafael Correa lidera las encuestas presidenciales del 15 de octubre en Ecuador. Ha logrado aglutinar las preferencias electorales de los ciudadanos que ven la necesidad y urgencia de los cambios sociales, económicos y políticos en este país.
El candidato es buen economista, buen político, pero por sobre todas las cosas es un buen hombre. Un presidente así sería lo mejor que le podría pasar a un país como Ecuador, rico en recursos naturales y con una población capaz y movilizada, sobre todo en sus pueblos originarios, pero que sufre por la mediocridad, entrega y corrupción de una clase política que en la última crisis mereció la ya conocida por nosotros expresión”que se vayan todos”.
Rafael Correa fue ministro de Economía a los 42 años y duró en el cargo menos de otras tantas semanas. Este funcionario hoy candidato tenía un muy buen equipo, algunos de ellos colegas de la Facultad de Economía de la Universidad de Guayaquil.
En corto tiempo comenzó a cambiar el perfil económico del país. No recuerdo porque lo echaron. Estaba por organizar un respaldo financiero distinto para las apretadas finanzas nacionales, ahogadas por la deuda externa. También se opuso a la firma del tratado de libre comercio con Estados Unidos y proponía la renegociación de los contratos con las petroleras que operan en el país.
Pudo haber sido por cualquiera de estas causas, todas válidas, o por las tres juntas.
El gobierno del presidente Palacio resultó ser un gobierno timorato y cabal representante de la esa dirigencia política que vive las “relaciones carnales” con el patrón del norte.
Correa es un buen político, aunque no responda a un partido político tradicional. Ese es su gran mérito. Cuando lo sacaron de su cargo estuvo trabajando en Venezuela y aunque es totalmente independiente y su proyecto es de, por y para Ecuador, lo que mas le importa a la prensa de cualquier color del continente es señalar en todo momento que “es el amigo de Chávez”. Y no está mal mencionarlo porque lo es, pero la trampa reside en poner ello como su principal atributo, en una implícita comparación con un reciente candidato peruano. Este y otros manejos, como el de querer plantar la idea de una supuesta tolerancia y hasta apoyo del candidato a las FARC colombianas son parte de toda esta maniobra que va fracasando mientras pasan los días. Con habilidad, sinceridad y de cara al pueblo este hombre político la está desbaratando en cientos de mitines en todo el país.
Pero además con propuestas. Su plan de gobierno se construyó con la participación de la ciudadanía y con aportes de grupos de trabajo como el Grupo Nacional de la Deuda, con la participación de Jubileo 2000, el Consejo Latinoamericano de Iglesias, Acción Ecológica, entre otros.
Con todo, Rafael es fundamentalmente un buen hombre. De familia sencilla, tiene un claro ideario cristiano que le permite ver las cosas desde la perspectiva del desarrollo humano integral. Aunque, gracias a Dios, no llegó a cura, tiene un postgrado de economía de la jesuita Universidad de Lovaina, Bélgica. Está comprometido con las mujeres y los hombres del pueblo y con el Ecuador de este tiempo mediante un discurso honesto y directo y no con el doble discurso de los que muchas veces llegan al poder hablando del compromiso con los pobres y luego parecen entregados al dios mercado. Tal vez por ello cuenta con una gran simpatía por parte los jóvenes, incluyendo a evangélicos y católicos.
El mayor logro en la corta gestión del ministro Rafael Correa fue haber revertido la distribución del FEIREP, un tipo de fideicomiso que ahora puede destinar el 70% a la inversión social y no ya al pago de la deuda externa. Lo siguiente es una página de los folletos populares que muy didácticamente explican lo que implica la llamada Ley LOREYTF de 2002 (aprobada durante el derrocado gobierno de Noboa con el objeto de garantizar el pago de la deuda pública a los acreedores privados y al Fondo Monetario Internacional) y como se administraba a través del FEIREP.
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