El último año se van diseñando puntos de ruptura y de inflexión en la situación internacional, que es dable reconocer y poder analizar.
Desde la perspectiva de Argentina, encontramos algunos diseños, que vienen siendo construidos desde el 2000 en adelante, que impactan en lo inmediato o van a tener repercusiones en América Latina.
Se modifica paulatinamente el papel de los organismos financieros internacionales, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo.
El Fondo Monetario Internacional, dejo de ser un garante de última instancia.
Esto llevo a que el endeudamiento de los países en situación de vulnerabilidad financiera, pasa a ser responsabilidad de cada deudor, y que los bancos prestamistas o los acreedores individuales, pierden un “seguro” de caución sobre el movimiento de la liquidez financiera internacional.
El Fondo a su vez saneo su cartera de créditos, y posibilito con la administración de Rodrigo de Rato, de poca creatividad y carente de proyección de mediano y largo plazo, el paso a un nuevo papel, a definir en los hechos en la regulación financiera.
Es muy probable que Dominique Strauss-Khan, acceda a llevar al F.M.I. a profundizar una función de control técnico de corto plazo sobre la evolución de los tipos de cambio y a formalizar una política de resguardo de la canasta de monedas “clave”, que van a regir el valor de la masa en circulación mundial.
Esto tiene por objeto la regulación en el largo plazo de los valores monetarios en relación a las tasas de interés de referencia de dichas monedas clave, por el momento el u$s y el euro.
El control de las modificaciones de los tipos de cambio nacionales en relación a la canasta de monedas de referencia, tiene como consecuencia, la búsqueda de impulsar el crecimiento de las relaciones comerciales, sin un desborde inflacionario, que perjudique las posibilidades de consumo y genere ciclos de crisis recurrentes.
Al mismo tiempo esta estrategia, obliga a una tarea en común con el Banco Mundial, el BID y la Organización Mundial de Comercio.
Obviamente lleva también a pensar una forma de asociación en las regulación del mercado, con los Bancos Privados más importantes, así como con los Bancos Centrales nacionales, en especial de los países del G8 y los nuevos grandes como China, la India, Corea del Sur, México y Brasil.
El Banco Mundial, también cambio su conducción, pasando a adoptar un papel
de orientación de la inversión en actividades productivas con el sector privado y de focalización de formas de programación social de dicha inversión. Sin embargo este papel, que es el que protagonizo en los últimos cuatro años, no parece ser el que la nueva administración piensa fortalecer. Más bien se puede inferir que el futuro del Banco será el de orientar inversiones que desarrollen la participación en actividades que aumenten el comercio mundial. La modificación de los volúmenes de intercambio, para el crecimiento de la economía serán las prioridades de la inversión para el Banco Mundial, acompañando la necesidad de generar excedentes genuinos de los países con endeudamiento internacional.
La política del Banco, impactara sobre las estrategias de la Organización Mundial de Comercio, cuyas actividades parecen no poder superar el estancamiento posterior a la Ronda de Doha.
Este nuevo papel, se destaca por la modalidad de orientar las inversiones en infraestructura, de lento retorno del capital invertido, a ser coparticipadas con el capital privado.
Los países en desarrollo, tienen que entonces acompañar esta disponibilidad limitada de recursos para inversión, con recursos propios, o con la movilización de capitales privados, que quieran asociarse.
Esta estrategia parece ser similar a la que esta encarando el B.I.D., que por el momento sigue en una transición, en donde la capacitación técnica y el apoyo a la formulación y evaluación de proyectos de inversión, tiene una prioridad, que acompaña el financiamiento de programas sociales, sin que esto impacte en proyectos de infraestructura de gran dimensión del capital invertido.
En consecuencia con este corrimiento de las Instituciones Financieras Internacionales, a generar un monitoreo y control, sin involucrarse en un endeudamiento significativo, ni en ser garantes de procesos privados de inversión, los países tienen que poder sostener su crecimiento de manera autónoma.
Esto conlleva a la explicación de la necesidad de cada país, de acumular reservas en monedad clave, de forma de tener un respaldo propio, a los procesos autónomos de inversión.
En algunos casos la ansiedad por la expansión de la participación en el comercio mundial, con el objeto de incrementar los excedentes comerciales, obliga a restricciones en las distribución local del ingreso, a cambios en los mercados de consumo nacionales, y a técnicas de producción intensivas, con bajos salarios y condiciones de trabajo dignas de las formas de explotación de los inicios del capitalismo.
La acumulación de reservas en algunos países, lleva a la formalización de fondos de inversión públicos de gran significación. En ciertos casos, impulsados por la modificación de los precios relativos de los productos energéticos o de balanzas comerciales con importantes superávit.
Es el caso de los Emiratos Árabes Unidos, de China, Rusia, Arabia Saudita, la India, Corea del Sur. También están aquellos que tienen reservas para sostener su moneda y fortalecer un proceso interno de desarrollo con inversión extranjera y local, como España, Brasil y México.
Argentina, tiene frente a esta situación, que madurar el proceso de inversiones, que exige una inyección de unos 10.000mill. u$s, anuales, para poder seguir su ritmo de crecimiento, manteniendo su equipo de capital y evitando la obsolescencia de la capacidad productiva instalada.
Para un crecimiento sostenido en el proceso de industrialización, se requiere aumentar dicha inversión, de manera a adoptar cada vez más, técnicas de alta complejidad, y producir importantes cambios de productividad.
La segmentación del comercio internacional, le otorga una posibilidad importante de inserción en el ámbito de la agroindustria. Siempre que las condiciones de absorción de los mercados asiáticos se mantenga estable. Al mismo tiempo la relación con Brasil, y con los otros países de América Latina, presenta el carácter de permitir un comercio internacional fluido y de mercado interno ampliado.
Como interrogantes esta el de que la madurez de la participación en el comercio mundial, exige seguir presentando características de atracción de la inversión internacional, al igual que de seducción del empresariado local para que tome como centro de acumulación el mercado nacional.
Ante estos desafíos, la mayor autonomía, tiene que poder asumirse con creatividad y formas agresivas de participación en la movilidad de capitales y en el comercio, de manera de poder entonces producir un paulatino progreso en la distribución del ingreso, que impacte sobre el poder adquisitivo del asalariado y mejore las condiciones del crecimiento sostenible a largo plazo.