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Medios para educar y dominar
Por Lidia Henales


En ese proceso que solemos llamar Educación, los “medios” han sido siempre importantes, centrales en realidad.  Medios en su sentido más general, como vehículos, formas de transmitir y concretar. El “cómo” transmitir conocimientos tiene tanta relevancia que se suele hacer a distinción entre alguien “que sabe” y alguien “que sabe enseñar”.

Esto no implica reducir el proceso de la educación a la metodología didáctica, ni siquiera a la pedagogía pero marca una característica ineludible de la dimensión educativa , sobre todo de la que no depende de la transmisión familiar, la que se programa con un fin académico o profesional, la que tiene como fin social la educación..
Desde las tablillas de los súmeros hasta las computadoras, además, la tecnología ha tenido un rol importante en la educación formal porque los medios de transmisión necesitan instrumentos.

Mas modernamente cuando nos referimos a “medios” solemos hablar de medios de comunicación. Se ha intentado compatibilizar el papel de la prensa y la televisión con los sistemas formales de educación (escuelas, universidades) sin mucho acuerdo ni éxito aparente. Lo que nadie discute es que hoy en día, en la educación no formal, los medios de comunicación ocupan un lugar fundamental, ya que libros, revistas y televisión son los emisores de grandes cantidades de información directa o indirectamente brindada a toda la población.

Es corriente también hoy separar a los medios audiovisuales de los libros y mucho se ha debatido sobre el “homo videns”, sobre todo a partir desde la obra de Giovanni Sartori publicada en 1997. Este autor parte de la capacidad simbólica del hombre que se despliega en el lenguaje (homo sapiens se convierte entonces en equivalente de homo symbolicum)  y sostiene que  a partir de la televisión el ver prevalece sobre el hablar, las cosas representadas por imágenes cuentan y pesan mas que las cosas dichas con palabras. Sartori dice que la televisión “no solo es un instrumento de comunicación; es también paideia, un instrumento antropogenetico, un médium que genera un nuevo anthropos, un nuevo tipo de ser humano, el homo videns, caracterizado por responder casi exclusivamente a los estímulos audiovisuales”...”el mundo en imágenes desactiva nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente”.

Esta visión un tanto apocalíptica de Sartori ha influido mucho en los análisis posteriores de los medios de comunicación y sobre todo de la relación de los mismos con la cultura y la educación.

La cibernética multimedia ha añadido una nueva dimensión al unificar palabra, sonido e imágenes e introducir una nueva realidad, la realidad virtual. Los círculos intelectuales, que han visto favorecido enormemente su trabajo a partir de la computación y todos sus agregados la ha recibido con mayor beneplácito que a la televisión en su momento.
Por otro lado la televisión ha ido evolucionando de haber sido un medio escasamente educativo a ser un medio frecuentemente embrutecedor.

He mencionado estos conceptos porque enmarcan el estado de situación pero en  este  artículo voy a poner el acento en la capacidad de educar y dominar que han tenido todos los medios transmisores empezando por los libros.


Los inocentes libros

A partir de la utilización de la imprenta la educación a través de textos se convirtió en el mas extraordinario proceso de transmisión no sólo de conocimientos sino también de valores, ideales, ideologías y entretenimiento de todo tipo.
Los libros, sobre todo a partir del siglo XVIII, después de la Revolución Industrial , con el Iluminismo y todo lo que la Modernidad representó se convirtieron en el principal vehículo educador de Occidente.

Los libros han apresurado cambios y consolidado pensamientos revolucionarios, han acelerado los tiempos históricos . También han sido instrumentos poderosos para mantener y conservar el statu quo imperante en una determinada sociedad y época.
Hay un caso que me gustaría analizar a modo de demostración de esta idea, el de los “libros de lectura” para niños y jóvenes en nuestro país.
En la Biblioteca nacional del Maestro se pueden consultar textos desde la época colonial pero me gustaría  detenerme en los que se editaron a partir dela existencia de un sistema educativo. El punto de partida a considerar seria el Primer Congreso Pedagógico Nacional de 1882  desde le cual se llegó a la sanción de la Ley 1420 que estableció a nivel nacional la educación obligatoria, gratuita, gradual y neutral en materia religiosa.

El Estado desarrolló desde esa época y por muchas décadas un trabajo de consolidación de un sistema que resultaría muy exitoso, basado en la idea del progreso y la expectativa del ascenso social (posible a través de la educación) con un marcado acento en la construcción de una identidad nacional.
Los textos del periodo 1880-1930 que posibilitaron una alfabetización masiva,  debían incluir poemas y cantos morales y patrióticos, reglas de urbanidad, higiene, moral y vivismo, páginas alusivas a la celebración del 25 de mayo y el 9 de julio e imágenes y lecturas referidas a los símbolos patrios. Ejemplos paradigmáticos de este currículo impulsado por el Consejo Nacional de Educación son los libros “La base”, de Editorial Estrada, publicado en 1915  y “El deber” de Editorial Kapelusz de 1921.

Como vemos, con el sistema educativo crece la industria editorial masiva.
La educación y los libros de este periodo giran indudablemente alrededor del concepto de aceptación de la autoridad constituida. El respeto a los gobernantes que indudablemente se propiciaba, empezaba con el respeto a las figuras de autoridad “naturales”: el padre, en primer lugar y después la madre. La familia es el eje articulador de todas las lecturas, aunque atendiendo a la realidad de una sociedad de inmigrantes, hay repetidas referencias a los progenitores ausentes y a los huérfanos.
La figura del maestro/a aparece muy pronto como núcleo articulador de la autoridad cultural, institucional. Se trata de una figura que encarna todo aquello que se debe respetar: el conocimiento, la nobleza laica, el orden, el trabajo. Un libro de 1920, Editorial Coni llamado “La señorita Raquel”, encara aprendizajes múltiples que van desde la geografía hasta la poesía alrededor de la figura de la maestra. Es muy claro, mirando los “libros de lectura” que la profesión educadora de nivel primario se había “feminizado” tempranamente en las escuelas públicas.

Probablemente la fuerza que iba adquiriendo el movimiento obrero hizo que a medida que avanzamos en el periodo se ve la incorporación cada vez mas frecuente de textos que ensalzan el trabajo y el reconocimiento al esfuerzo que realizan los obreros y artesanos, algo que podemos ver en libros como “Un buen amigo” de Cabaut, 1925, “Prosigue” de la misma editorial, de 1926 o “Veo y Leo” de Editorial Coni, 1922.
Otros sectores que estaban interesados en la transmisión de determinados valores también los hacen expresos a través de sus publicaciones. En el caso de los colegios católicos lo podemos ver, por ejemplo, en “El Silabario moderno”, de 1905, editado por los Hermanos de Escuelas Cristianas o “El siglo de los Niños”, método de lectura “aprobado por la censura eclesiástica y el Consejo de Instrucción Pública”, Madrid, 1922, que se usaba en colegios argentinos.

Un libro especialmente apasionante por la claridad con que se expresan los objetivos buscados es “La Niña Argentina”, de editorial Cabaut, 1902.
Compilado por Rafael Fragueiro, el libro es una colección de lecturas destinadas a formar, tal como expresamente se dice, “a las damas argentinas”. En ellas la presentación, la secuencia, la modalidad en que se van presentando tópicos que reflejaban los valores buscados, son absolutamente transparentes. La Niña Argentina debe ser pulcra, suave, admirar a papá, adorar a mamá, tener modales delicados, saber cantar, recitar, cocinar, tener ciertos conocimientos de arte y ser refinada en la mesa. Una de las primeras lecciones trata acerca del tema de “pobres y ricos”, donde se deja aclarado que es algo “ que siempre hubo y va a haber”, que las clases sociales son naturales y prácticamente inmutables, que la caridad debe compensar las desventajas de la pobreza “en aquellos que merezcan ser ayudados”. Otra lección demuestra a las niñas que ser mujer es una condición privilegiada porque las aleja del”duro trabajo”y debe ser aspiración modelica, indispensable para el buen funcionamiento de la sociedad, ser una buena esposa.

Repasar los “libros de lectura” que acompañaron la instrucción de los argentinos en la primera mitad del siglo XX es apasionante por la claridad con  que se muestran los valores sociales que deseaban estimular quienes detentaban el poder social, económico y político del país.
Del mismo modo, con el advenimiento del peronismo, los libros de lectura reflejan los cambios sociales, especialmente en lo que respecta a la participación femenina. La figura del obrero y dela mujer son exaltadas en nuevos contenidos que incluyen hechos y problemas de la vida cotidiana.
Junto a eso se incluye la propaganda de los actos de gobierno y la exaltación de las figuras del presidente y su esposa, hecho que constituyó uno de los principales argumentos del antiperonismo.
“La Argentina de Perón” se llamaba por ejemplo, un libro de lectura para cuarto grado, publicado por Laserre en 1953.
Excede el propósito de este artículo seguir analizando este tema de los simples  y conocidos “libros de lectura” (denominación curiosa, ciertamente) ya que lo que buscaba era ejemplificar cómo los textos eran portadores nada inocentes de la ideología, de los valores, de los proyectos de país que se sucedieron en Argentina.


La televisión, señora posmoderna

La televisión ha sido objeto de análisis desde su aparición y no es nada novedoso decir que ha invadido la vida de los hombres y mujeres en el mundo capitalista. No agregaría nada decir que transmite valores y difunde
modelos de conducta, y que ha ido creando incluso“necesidades”falsas en los televidentes.

Lo que quisiera ver hoy es el caso de la “telebasura”, como se la llama en España, que ha inundado nuestra televisión abierta en los últimos años.
En ella incluyo a muchos noticieros que banalizan la información, a la mayor parte de los “talk show” y   los “realities” del tipo Gran Hermano , a los programas que bajo el formato de concursos de baile o canto esconden bizarros espectáculos y a todos los programas que aquí llamamos “de espectáculos” o “de chimentos”, muchas telenovelas.

Algunos de los elementos que permiten caracterizar a un programa como telebasura son:  manipulación informativa, conversión del dolor y la miseria humanas como espectáculo, atracción por el escándalo, nulo respeto a la intimidad, trivialización de problemas serios como la prostitución o el consumo de drogas, lenguaje chabacano y exiguo, fomento de seudociencias y ocultismo.
 Se discute en Europa y Estados Unidos, donde se crearon casi todos los “formatos” de los programas de telebasura, acerca del éxito de audiencia de esos programas, que es un hecho innegable.

La primera reacción en algunos casos es decir”Cada pueblo tiene la televisión que se merece”. Eso es lo que plantea , por ejemplo, el muy
documentado libro de Gustavo Bueno, “Telebasura y democracia”, (Ediciones Barcelona, 2002). Quien concluye, sintetizando, en que “la audiencia en la sociedad democrática es la que manda y la televisión basura tiene que obedecer a su demanda. No ya por razones éticas sino por simple supervivencia democrática”.
A pesar de que Aznar se había pronunciado repetidamente en contra de muchos programas “que ofendían la moral de la familia española”, fue el gobierno de Rodríguez Zapatero el que tomó las primeras medidas de control de la televisión, concretamente estableciendo normas muy restrictivas a expresiones de violencia y lenguaje soez en programas infantiles. Y las medidas fueron muy bien acogidas por la gente.
En varios países de Europa se debate  acerca del límite sutil entre libertad de expresión y la necesidad de impedir que la telebasura se convierta en una adicción peligrosa.

El debate está en su apogeo, el problema también. A los fines de este breve artículo  lo he traído a colación porque lo considero un problema educativo de primera magnitud. Mucho mas importante que discutir una minucia didáctica me preocupa analizar el rol educador de una persona como Tinelli. Creo que sus programas influyen mucho mas y por lo tanto educan, en el verdadero sentido del término, a millones de personas, muchas mas de las que están en el sistema educativo.
Evidentemente no será mirando para otro lado, no preocupándose por el tema, como va a resolverse el problema. Lo primero es ponerlo sobre el tapete, reconocerlo como un problema educativo serio, de envergadura.

Lo segundo es analizar porqué la gente adhiere masivamente a los  reality show que muestran todas las miserias humanas, a los programas de chimentos que convierten en famosos a seres sin ningún merito artístico,
Porqué, en otras palabras, elige evadirse cada vez mas, alejarse del análisis de los problemas que realmente importan en su vida, los cuales deberían reflejarse en los noticieros o en programas de debate. Los segundos son cada vez mas escasos y marginales, los primeros meros repetidores de cables tardíos o presentadores de noticias policiales.

El viejo concepto que sostenía que “a los que mandan les conviene que la gente sea bruta”, parece estar mas acertado que nunca, sospecho.
Ese statu quo comprende como base a un pueblo ignorante, que quiere solo pan y circo, les conviene a los que quedan bien parados en el reparto.  Muy lejos queda la Argentina de la fuerte clase media educada, consumidora de bienes culturales de alto nivel, con una clase obrera combativa, fuerte y buscadora de mejor porvenir para sus hijos, una Argentina bien educada, en fin, que también supo ser contestataria.

 

 

 
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