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La viveza de gobernar sin proyecto ni planificación
Por Mario D. Lorenzo Perón

La idea de un proyecto de país (PP) estuvo presente en el siglo XIX, desde 1810 hasta finales del siglo. Se retoma con fuerza con el gobierno peronista, hacia el Año Sanmartiniano de 1950.

Luego de 1955, el PP pasó por distintas concepciones según la sucesión de gobiernos, desde el desarrollismo hasta las autocracias militares, y muchas veces se diluyó durante las frecuentes irrupciones del liberalismo económico vernáculo. Durante la década del setenta la idea vuelve a ser impulsada por Perón, nuevamente presidente de la Nación, con el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. Después de su muerte comenzó el gradual abandono de toda idea de PP. Su debilitamiento último corrió paralelo a la eliminación del planeamiento en la esfera pública, finalmente extinguido durante la etapa menemista, identificada a la tendencia neoliberal vigente.

Sea porque los planes del primer gobierno peronista se consideraran de concepción rígida u organicista o porque mas tarde se viera al planeamiento como resabio de un desarrollismo superado o bien ligado a enfoques estructuralistas, tecnocráticos o autoritarios, según el momento, Argentina persistió en vivir sólo guiada por la coyuntura. Este hecho se resalta en notable contraposición con Brasil y otros países de la región y del mundo. Desde hace treinta años nadie plantea en nuestro país el uso de plan estratégico alguno. Transcurrimos por los finales de un largo periodo dominado en su mayor parte por concepciones económicas neoliberales, las cuales asumen sin problemas el planeamiento estratégico mientras se refiera a corporaciones privadas pero lo consideran totalmente fuera de cuestión cuando se trata de constituirlo en instrumento de las políticas públicas.

Una característica de esta involución fue que el campo de discusión se circunscribió apenas a dos problemas. Por un lado, cuáles debían ser las concepciones, metodologías y modelos para elaborar los planes. Por otro lado, la reducción del ámbito de elaboración de éstos a una secretaría de estado, la Secretaría de Planeamiento, luego suprimida. Debería haber un organismo de planificación del gobierno nacional donde se coordine e instrumente los distintos aspectos de formulación del PP. Pero también esto es secundario. Detenerse en esos temas es colocar el carro delante del caballo.

Lo primero es la voluntad de convocar, consensuar, optar y lanzar un proyecto para la Nación donde las políticas plasmadas en un plan estratégico nacional puedan concluir siendo las políticas de estado que a nuestro país le falta.

También postergar esta tarea por condicionamientos como la deuda pública o cualquier otra consideración económica o de otra índole es postergar la salida de la crisis. La carga de reclamos monetarios es enorme, tanto externa como internamente. Acreedores que quedaron fuera del arreglo, fallos de la Suprema Corte como la revisión del caso Chocobar y los juicios ganados a la ANSeS, las demandas en la CIADI y tantos otros problemas se resuelven con proyecto y planificación en la acción de gobierno. El PP es una condición necesaria previa al cualquier solución de fondo.

El tiempo presente está signado por el fin de una situación que mantenía en suspenso muchas decisiones políticas. Sin embargo, a pesar de coincidir con la salida del default, el discurso del Presidente de la Nación ante el Congreso el pasado 1° de marzo pasará a la historia como uno mas entre tantos. Consistió apenas en el repaso, listado por ministerio, de medidas delimitadas y hasta algunas con deficiente ejecución presupuestaria.

Frente a una sociedad expectante y a treinta años de aquella Asamblea en la cual el presidente Perón presentó el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, fue decepcionante que el discurso no presentara al menos las líneas de una propuesta de PP.

Muchos compañeros tratamos de seguir a Perón en sus definiciones fundamentales y entendemos que en última instancia en eso se define ser justicialista. El 1 de mayo de 1974, el General Perón, al inaugurar el 99° Periodo de Sesiones del Congreso de la Nación decía:

"El Modelo Argentino precisa la naturaleza de la democracia a la cual aspiramos, concibiendo a nuestra Argentina como una democracia plena con justicia social.

En consecuencia, concibe al gobierno como la forma representativa, republicana, federal y social. Social por su forma de ser, por sus objetivos y por su estilo de funcionamiento. Definida así la naturaleza de la democracia a la cual se aspira, hay un sólo camino para alcanzarla: gobernar con planificación"1

Incluso en las problemáticas globales de hoy, tampoco conseguiremos la postergada inserción en el mundo, las inversiones y la competitividad a las que Argentina puede aspirar sin un PP que genere como natural resultado un plan estratégico de desarrollo productivo, hasta ahora soslayado.

Gobernar sin proyecto ni planificación tendrá consecuencias no solamente en el largo plazo sino mucho antes de lo que esperamos.

La crisis energética, la aproximación al agotamiento de nuestros recursos de hidrocarburos, el desequilibrio de nuestros recursos humanos, la creciente debilidad tecnológica de nuestro país y las crisis derivadas de su vulnerabilidad externa, están listas para hacer eclosión incluso antes del Bicentenario de la Revolución de Mayo.

Por eso ya es tiempo no sólo de predecir la Historia sino de presidirla.


Juan D. Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Ediciones Realidad Política, Buenos Aires.

 

 

 
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