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Los viejos que vos matáis...
Por Eugenio Semino

 

La sucesión de asaltos a adultos mayores que se registra especialmente en la capital argentina y en ciudades de la provincia de Buenos Aires ha suscitado un alud de interpretaciones, interrogantes y polémicas. También, aunque en una proporción mucho menor, comienzan a surgir algunas propuestas sobre el modo de enfrentar los hechos.

Las preguntas son múltiples. ¿A qué obedece esta escalada de maltrato?¿Cómo puede explicarse? ¿Hay posibilidades de evitarla? De qué modo actuar? Se requieren algunas precisiones sobre la situación.

Por un lado, hay que tener claro que estos sucesos no irrumpieron en el último mes. Vienen de antes y, en el caso específico de la ciudad de La Plata , se registran con frecuencia desde hace un año. Lo que sí supone una modificación significativa es su crecimiento en número y en nivel de violencia. Pero no son hechos nuevos y, menos aun, ajenos a nuestra sociedad donde la discriminación de los adultos mayores es moneda corriente. En tal marco no puede sorprender que aparezcan.

Por otra parte, una característica a tomar en cuenta, es que en gran parte de los episodios las víctimas son asaltadas dentro de sus viviendas. En este sentido resalta que no han podido ser evitados por las medidas de seguridad tradicionales (rejas, puertas blindadas, cerraduras reforzadas, etc). Parecería que los delincuentes han detectado cómo entrar recurriendo al propio adulto mayor, a su historia. El viejo se crió en condiciones donde regían confianza y la solidaridad y esto hace a su memoria de vida. Ocurre entonces que las recomendaciones habituales (no abrir, chequear quién es, etc) son relativizadas. En el momento de actuar pesa mas lo ya incorporado, como la confianza. O, en el otro extremo, el desconcierto y la parálisis.

Otro dato es que, en la mayoría de los hechos ocurridos, tanto éstos como las lesiones ocasionadas no fueron producto del uso de armas d e fuego sino de armas blancas y de elementos existentes en la casa (palos, cuerdas, sábanas).

Esto remite a uno de los ejes del cuadro actual. ¿Quiénes son los delincuentes que están actuando? "No son como los de antes", dicen los vecinos. Es que hasta hace unos años aparecían en su accionar frenos inhibitorios ante ciertas prácticas..Por ejemplo, pegarle a una viejita era mal visto hasta por los propios delincuentes...y no lo pasaba bien en cárcel quien lo hiciera.

La cuestión es que, por lo general, ese asaltante provenía de una estructura familiar (por más conflictiva o problemática que fuera) donde existían vínculos entre jóvenes y abuelos. Y era una relación de respeto la que se daba con el adulto mayor, con el padre o, en otro ámbito, hasta con el jefe de la banda. Sea como fuere, había una identificación positiva con ese viejo. Otra es la situación que estamos abordando. El actual delincuente viene de la calle, donde vive como puede, y donde el viejo representa la debilidad, la pobreza....En una palabra: lo que él, que sobrevive si triunfa en la pelea, rechaza de plano, representa lo que no quiere ser . Sin dudas, se da en este caso una identificación negativa con el viejo. Por eso la agresión es tan brutal; es el "cuerpo a cuerpo"en el que el delincuente está matando su propio futuro, "está rompiendo el espejo que adelanta".

Se observa en muchos de estos hechos mucho ensañamiento con la víctima y no pocos se preguntan el porqué. Es un tema complejo, donde entran diversos factores : el delincuente inexperto que ve en anciano un objetivo simple, accesible, que no requiere casi más armas que el engaño, un cuchillo o lo que esté a mano...Y también interviene fuertemente la identificación negativa, el sentimiento que entra a jugar en el ataque directo del arma blanca, del cuerpo a cuerpo donde hay resistencia y saña, sin la mediación del arma de fuego, del disparo previsto y a distancia.

Viejos y jóvenes, excluidos que se enfrentan. Aquí uno no puede sino recordar la frase José Martí: "los pueblos que no cuidan a sus niños np tienen derecho al futuro, y los que nos cuidan a sus ancianos no tiene derecho al la historia". El viejo agredido y el joven que delinque son dos síntomas de una sociedad en crisis, que se cruzan en un momento determinado.

Nuestras sociedades contemporáneas son sociedades en riesgo que de este modo muestran sus síntomas. En el reciente caso de Francia, la reacción violenta de los hijos de inmigrantes mostrando años de exclusión hace olvidar que allí mismo, no hace muchos años, diez mil viejos solos, sin cuidado, morían de sed ante una ola de calor. Ambos, inmigrantes y viejos, estaban excluidos y no sólo en el aspecto económico sino en otro, el relativo a las decisiones sociales, a la decisión de apartarlos, de confinarlos en la soledad.

Aquí vemos lo mismo. El predador natural de los adultos mayores ha sido el ministro economía de turno, que también confiscó el horizonte de los jóvenes. Los ataques a los viejos y Cromañón simbolizan la falta de cuidado de esta sociedad donde viejos y pibes mueren inútilmente..

¿Qué hacer frente a la ola de violencia que acosa a los viejos? La violencia, el maltrato , el abuso y el abandono del adulto mayor plantean problemáticas de alta complejidad, mal definidas y de difícil resolución para las que no alcanzan los procedimientos normatizados ni sirven las soluciones lineales. Pero, a la vez, son problemas que vienen para quedarse. Por eso enfrentarlas demanda respuestas audaces flexibles, innovadoras y con clara vocación de integración social ,

Es frecuente que se sostenga un falso dilema. Una de las posturas, la que atribuye casi exclusivamente la violencia a la globalización y al capitalismo salvaje, plantea como única solución la instalación de un nuevo sistema social. La otra, que ve a la violencia como efecto no deseado del sistema social, llama a extirparla con "mano dura". La polémica entre ambas posturas simplifica el tema y, más preocupante aun, impide actuar de un modo coordinado.. Entiendo que se deben generar otros caminos a partir de redes de contención alrededor del adulto mayor que actúen en tres dimensiones:

* La dimensión macroestructural, a través de determinaciones políticas , económicas y sociales del estado a su mas alto nivel

* La dimensión media (mesoestructural), que supone determinaciones en el plano institucional de los organismos específicos (PAMI, ANSES y otros) implementadas en acciones diversas : formas de acompañamiento, trabajo en común con organizaciones barriales y otras- dirigidas específicamente a rescatar al viejo de su soledad y asilamiento para que vuelva tener protagonismo. Creo que éste es un aspecto básico y que debe ser preservado ante supuestas "medidas de seguridad" que arriesgan reforzar el aislamiento. Los asaltos a los viejos, el modo en que se los exhibe y algunas baterías de "consejos" pueden generar mas soledad aun al impulsar a los ancianos a recluirse, a asilarse. Hay que tener en cuenta que "a mayor soledad, mayor vulnerabilidad" (tanto psicológica como ante el hecho delictivo). De ahí la necesidad de retomar la relación social y colectiva.

* La dimensión microestructural , que hace a los planes vinculares y relacionales, a las redes familiares y vecinales. En esto se comienza a actuar ahora: aunque de a poco, hay varios círculos y clubes de jubilados donde los abuelos se están reuniendo a conversar sobre lo que sucede y cómo enfrentarlo. Y empezar a hablar es fundamental.

En síntesis, no hay salida posible sin la participación fuerte del Estado, las organizaciones sociales y sin el protagonismo de los viejos. Como en no muy lejanas etapas de nuestra historia y del mismo modo que ocurre ante otras exclusiones, ningún ataque a un sector de la población sería posible sin una sociedad indiferente, que mira a otro lado. En la cuestión de la tercera edad nadie puede sorprenderse: los "pobres viejitos" asaltados y asesinados son los mismos que gran parte de la sociedad ya dio anticipadamente por muertos..

 

 

 
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